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Estrella Rubio

Estrella Rubio

 

Insatisfacción corporal, presión social y salud. La paradoja actual en una era feminista.

Eres alta y tienes suerte de estar delgada, si caminaras erguida y te arreglaras un poco…

Extirparse la carne es renunciar a la existencia, de que si no hay cuerpo no hay nada, de que todo lo que no se pare a sentir, a aceptar y a recordar en su cabeza, saldrá de alguna manera somatizado a través de los poros de su piel

Rosario Villajos, La educación física (2023).

Tenía ganas de retomar el BLOG con un tema que me atañe directamente como MUJER y como nutricionista, y en cuya investigación ando inmersa desde hace un tiempo.

Hablar de feminismo en la actualidad quizás ya no sea un tema relegado a los márgenes, o no tanto, pero El mito de la belleza que Naomi Wolf escribió en 1992 sigue estando por desgracia muy vigente. Nuestra insatisfacción corporal acapara y consume nuestra energía mental y física y nos sigue robando el sentido por el que levantarnos cada mañana. Pero lo peor es que lo sabemos, y además de insatisfacción, ahora también sentimos culpa porque no somos todo lo feministas que deberíamos ser.

En la actualidad, la belleza está severamente definida según criterios de sexo, edad, color de piel y tamaño corporal. Todo lo que se salga de ese estrecho rango es relegado a los márgenes, allí donde coexisten la discriminación y el sufrimiento. No es de extrañar que se acometan intentos desesperados de modificación del cuerpo para conseguir acercarse al patrón y dejar de pertenecer por fin al bando de los perdedores. El mercado de la estética en sus diferentes vertientes (farmacéutica, médico-quirúrgica..) mientras tanto asiste y pone la mano, a través de la falacia de la salud.

¿Sigue nuestra autoestima dependiendo de la validación externa?

¿Seguimos necesitando agradar (sobre todo a los hombres)? ¿Y sonreír (sobre todo a los hombres?

Idealización

Las mujeres se ganan su presencia en los cuentos gustando (...) a excepción de la villana, que es fea porque es malvada, o viceversa. Una chica gorda, vieja o con zapato plano sería en todo caso la caricatura cuya clave de humor consiste en representar a una mujer poco representativa de mujer.

 Mantén la línea. No pierdas la forma. ¡Mantente en forma! Contente. Coge la goma y borra eso. Recorta por la línea de puntos, dobla las pestañas de papel y listo; ya tienes la muñequita de mujer.  

 Raquel Manchado en su prólogo de El mito de la belleza (Naomi Wolf, 2ª ed. 2020)

 

¿A dónde va el amor cuando la belleza desaparece?

 

Violencia estética

 

Existe además una preocupación desproporcionada y desajustada en relación a los potenciales riesgos de salud asociados a la obesidad, que no se da ni siquiera en los debates sobre alcoholismo o tabaquismo.

Salud o peso

 

Y ojo, esto no quiere decir que no los haya. Pero es importante además tener en cuenta que la preocupación por el peso aniquila también nuestra autoestima.

 

Salud y gordura

 

Gran parte de la crítica feminista a la belleza solamente ha dejado a las mujeres confundidas sobre qué es una opción saludable. Como mujer de mediana edad que está ganando más peso que nunca, quiero perder kilos sin generar cierto autodesprecio sexista de mi cuerpo al hacerlo. 

bell Hooks, El feminismo es para todo el mundo. 

Quiérete pero cómo

 

Belleza, alimento y disfrute.

Privarse de comer se considera positivo en la mujer. El modelo de feminidad madura y de éxito somete al cuerpo a una vida de privación y sacrificio. El hambre reduce y controla el foco de interés de una mente que se ha dejado llevar.

El mito de la belleza (Naomi Wolf, 2ª ed. 2020)

Leía una publicación de la psicóloga Laura Hernangómez que me resultó muy útil en conversaciones que comparto con mis pacientes en torno a la relación con la comida y los trastornos alimentarios.

¿Disfrutar puede ser insano? Lo cierto habría que preguntarse realmente ¿por qué se busca el disfrute? ¿Es una evasión? Dice ella:

  • Si dependo sólo de un recurso para sentirme bien y es lo único con lo que sé cuidarme, es posible que sea insano.
  • Si lo hago desde la motivación negativa de evitar, olvidarme, anestesiarme, llenar vacíos, tiene más riesgo de ser insano.
  • Si hago que mi valoración como persona dependa de ello, puedo convertir en insano lo que podría ser sano.

 

En ese sentido, siempre recuerdo a la profesora de filosofía Maite Larrauri (Filosofía para profanos) en su reflexión sobre el placer y la mesura:

Preferimos la prohibición y el permiso, a la moderación que nace de unos límites puestos por uno mismo. Preferimos que se nos diga que está prohibido beber, antes que se deje a nuestra iniciativa saber cuánto y cuándo. La moderación es fruto de la reflexión y del conocimiento de uno mismo: cada estómago tiene una medida.

Pienso que la religión en una sociedad aún dependiente de su legado, sigue siendo el eje que modula y enjuicia nuestro disfrute. Falta mucha pedagogía y un largo camino por recorrer en torno al placer y al disfrute, que nos permita un equilibrio (esto es a lo que Laura se referiría como sano) y nos aleje de la culpa.

Nos acercamos al placer con el temor de sentir el veneno del descontrol, y nos alejamos espantados, ayunándolo, hasta el siguiente atracón.

 

Carne, es un cortometraje de animación brasileño (2019), dirigido por Camila Kater.

Una mirada feminista a la imagen del cuerpo de la mujer, a sus diferentes etapas y a los tabúes sociales. 5 capítulos que describen las etapas vitales de la mujer, y la narración en primera persona de cómo la experimentan. Un material de una sensibilidad y realismo que deja perpleja.

Se puede ver completo en Filmin. Aquí algunos fragmentos de sus capítulos:

 Pienso que ninguna mujer vive en su propio cuerpo. Yo siempre fui una niña gorda, pero eso no fue ningún problema en la escuela.

Pero tenía en casa a mi madre diciendo que yo era su fracaso como nutricionista.

En casa descubrí que mi peso era un problema. Nuestra alimentación siempre fue muy rigurosa. Cerrar armarios para que yo no pudiera acceder a la comida, sólo a la que ella creía que debía comer.

Pienso que las personas cuando ven un cuerpo gordo, lo ven como un cuerpo transitorio. Para mi madre yo no era gorda, yo estaba gorda.

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(…) Pero no es fácil ser un cuerpo.

(…) Y ahora, la vejez que estoy viviendo no es así. No siento terror ante ella. Los hombres piensan que cuando las mujeres entran en la menopausia dejan de ser mujer. Es una deformación profunda.

Después de esa lucha contra el cuerpo, me siento bien dentro de él hoy, con 79 años. Sigue siendo un cuerpo que necesito transformar, de otras maneras. Y en ese sentido, intento ser dueña de mi cuerpo.

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Mi cuerpo siempre se pone en tela de juicio, al tener muslos gruesos, culo grande y ser negra, automáticamente ya es un cuerpo sensual.

Existe una palabra para eso, la hipersexualización de la negra. Tanto me preguntan si me gusta el Funky como si soy de una escuela de samba.

 

Apunta bell hooks que criticar sin ofrecer alternativa es una intervención incompleta, la crítica por sí sola no conduce al cambio. Y estoy muy de acuerdo, más aún en una época donde el flujo de información es abrumador. Es por ello que más que una crítica, la intención de este texto es recopilar conocimientos, ordenar ideas y continuar con un trabajo de visibilización imprescindible, en mi caso, a través de la nutrición. 

En algún momento previo a esto que escribo, hubo mujeres que me inspiraron con sus ideas y sus creaciones. Los fragmentos que cito textualmente me han permitido ampliar y conectar reflexiones. 

Lógicamente todas ellas están citadas de manera que puedan reconocerse y acceder a su obra, y continuar así ampliando una red de conocimiento en un tema medular en la época que vivimos.

 Agradecida de aprender. 

 

 

Martes, 23 Mayo 2023 13:12

Palitos de pipas y tomate seco

Esta opción de palitos para acompañar cualquier untable (hummus, guacamole, baba ganoush, paté de sardinas, untable de calabaza y tahini... y cualquier opción que se te ocurra, porque a decir verdad no hay fin con este tipo de recetas) me parece una exquisitez.

Es una buena alternativa a la industrial, que no implica demasiado tiempo de elaboración. Aunque quiero señalar una cosa importante: cualquier plato que queramos currarnos mínimamente que sea rico, sano y atractivo, requiere de un proceso creativo y manipulativo mínimo, y eso es tiempo. No hay más. La cocina es un procedimiento ineludible por el que hay que pasar, si queremos implicarnos verdaderamente en nuestra alimentación, vamos a dejarnos de historias. Otra cosa es que nos organicemos los tiempos y distribuyamos a lo largo de la semana para reducir el tiempo invertido. 

Esta receta está adaptada del blog de Lucía Martínez Dime qué comes, que leí hace un montón de años, y que no dejo de hacer. En su caso, ella lo planteaba como galletas, y de repente pensé que esto podía funcionar muy bien en el formato habitual que se vende en supermercados, y de esta manera, captar la atención de los comensales. 

 

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Ingredientes

  • 30g tomate seco
  • 70g almendra molida o en trocitos pequeños
  • 30g pipas peladas (girasol, calabaza) y opcionalmente semillas (amapola, sésamo)
  • 100g copos de avena 
  • 200g harina integral de trigo, espelta...
  • 40g aceite de oliva virgen extra
  • 150 ml agua tibia
  • 1 cucharada de levadura en polvo
  • Sal
  • Orégano, albahaca, tomillo, romero...
  • Aceitunas negras troceadas y sin hueso

Elaboración

Hidratar los tomates secos en agua durante unas horas, hasta que se reblandezcan. Trocéalos con las tijeras.

Mezclar en un bol todos los ingredientes, amasando con las manos. La masa debe quedar manejable, no pegajosa. Si es preciso, añade un pelín más de harina para ello, o de agua, en caso de quedar muy seca.

Hacer las formas que más te gusten, tipo palitos, por ejemplo.

Colocar en una bandeja de horno forrada con papel vegetal, y hornear 12-15 minutos a 180 grados o hasta que se doren.

Una vez horneadas, colocar en una rejilla para que se enfríen, luego conservar en un bote de vidrio cerrado, a temperatura ambiente (este último paso es muy importante).

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Continuando con las jornadas de divulgación que realizo con ADILAC, la Asociación de Intolerancia a la lactosa de España, os anuncio la primera de ellas que se celebrará fuera de Barcelona. Y en esta ocasión será Sevilla el lugar escogido. En un espacio cultural además muy especial, donde el aprendizaje y el debate estarán impregnados de cultura a todos los niveles y de muy buen rollo. 

Será una oportunidad también para charlar con Oriol Sans, el presidente de ADILAC e intercambiar conocimiento, dudas (muchas, siempre) en torno a un tema tan esencial como es la salud intestinal e inmunológica, y sobre cuantos temas aparezcan de forma espontánea por vuestra parte. 

Comer y vivir saludablemente en la intolerancia a la lactosa

Miércoles 29 de marzo, 17h00

Espacio Gallo Rojo – Calle Madre María de la Purísima 9 (Sevilla)

Hablaré sobre como seguir una dieta saludable sin lactosa, pero es necesario ir más allá de lo evidente, y trascender a otras esferas que por mi experiencia en consulta, se desatienden o sencillamente, se desconocen. 

Muchas de las personas intolerantes a la lactosa no necesitan conocer únicamente cómo retirar la lactosa, sino hacer una buena prevención y reorganización general de su alimentación, profundizando además en algunos elementos tan relevantes y actuales como la microbiota y sistema inmune. 

¡Nos vemos muy pronto!

 

 

En pocas semanas dará comienzo la segunda edición del Workshop sobre Obesidad y nutrición, dirigido a Dietistas-Nutricionistas. Puedes inscribirte AQUÍ

Es realmente un placer trabajar con el equipo que conforma la Academia española de Nutrición y Dietética, y yo estoy encantada de poder aportar un poquito más a la complejidad que supone el trabajo de la obesidad en consulta de nutrición, y también como Directora académica, junto con mi compañera psicóloga Natalia Maglione. 

Mi intención deliberada es salirme del guión habitual (y ya bastante desgastado) y adentrarme en el estigma de la obesidad en el sistema educativo y sanitario actuales, abordar la educación nutricional más allá de la pérdida de peso. Y finalmente realizaré una intensiva revisión sobre la evidencia científica disponible acerca del tratamiento dietético de la obesidad.

Es a día de hoy irrefutable contar con la participación de la psicología para entender la obesidad desde nuestra posición como Dietistas-Nutricionistas, y será Natalia Maglione quien aporte una visión actualizada para ayudarnos a comprender mejor a nuestros pacientes y por tanto, realizar un tratamiento de mayor calidad.

Y por segundo año, contamos con la presencia del fisiólogo del ejercicio Luis A. Berlanga, que tratará la importancia del ejercicio de fuerza más allá del cardio, y con la Doctora Sari Arponen para hablar sobre sistema inmunitario e inflamación.

¿¿¡¡Qué más se puede pedir!!?? ?

 

El workshop se celebrará online el día 3 de marzo de 2023

Curso acreditado con 0,46 CFCPS  por la Comisión de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias. La acreditación sólo es válida para diplomados y graduados en Nutrición Humana y Dietética en España

Puedes ver el VÍDEO PRESENTACIÓN pinchando en la imagen.

Nos vemos pronto!

 

 

La Navidad (gastronómica) comprende del 22 de diciembre al 6 de enero, de los cuales 6 días supondrían encuentros gastronómicos especiales: 24, 25, 31, 1, 5 y 6. Fuera de los días señalados (o los que nosotros consideremos), es bueno procurarnos una rutina parecida de alimentación y actividad física a la habitual.

¿Te has planteado hacer algo diferente este año?

Te sugiero algunas propuestas para que las próximas semanas no se conviertan en un motivo más de ansiedad, carga mental y culpabilidad en torno a la comida. 

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NO TODO ES COMER

  • Disfruta del ambiente navideño y la compañía, céntrate en las conversaciones con esos seres queridos que quizá hace tiempo no ves, o aprovecha para conocer mejor a otras personas en comidas de grupo.
  • Practica el MOVIMIENTO:
    • Además del gimnasio, u otro ejercicio físico, es fundamental moverse a diario. También en navidad.
    • Aprovecha para coger la bici, ir al campo, planificar ocio activo, etc.
    • Propón, por ejemplo, ir a dar un paseo o salir a bailar después de las comidas y cenas navideñas con amigos o familia.
  • Despierta a la persona creativa que llevas dentro. Si has de llevar un regalo a casa de alguien, también puedes regalar SALUD. Opta por regalos que ayuden a estar relajados y a mantenerse sanos (masajes, nutrición, actividades al aire libre, la cuota del primer mes de gimnasio, unos patines…)

 

Permítete vivir estos días como más te apetezca y te haga sentir mejor.

Mi consejo, no te alejes de aquello que te dé calma.

 

 

 

 

En una nueva colaboración como Dietista-Nutricionista y asesora de ADILAC, la Asociación de Intolerantes a la Lactosa de España, he elaborado este artículo sobre intolerancia a la lactosa y probióticos para la sección Adinew. Esta es una sección para los que quieren profundizar en la intolerancia a la lactosa y consultar artículos en profundidad elaborados por especialistas acerca de diferentes temas relacionados con la IL.

El texto plantea una revisión de la literatura científica en torno al consumo de lácteos fermentados, la suplementación con probióticos y algunas vitaminas, y lógicamente, en torno a la microbiota y el estilo de vida. Revisiones sistemáticas y ensayos clínicos que revelan algunos resultados interesantes, con el fin de contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas intolerantes, más allá de la mera retirada de la lactosa de su alimentación. 

Puedes acceder al artículo completo pinchando AQUÍ  

 

¿Por qué comemos? 

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¿Qué es para ti comer sano? Piensa un momento antes de contestar, ¿cuál es el motivo fundamental por el que comes sano y haces ejercicio?

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Algunas preguntas que nos hagan reflexionar al respecto de nuestras ideas en torno a la alimentación. Favorecer el pensamiento crítico y evitar seguir a cualquier precio las tendencias que imperan en torno a una supuesta alimentación saludable. 

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El sistema de recompensa que gestiona nuestro hipotálamo, es en buena medida invitado protagonista a nuestra charla, también la dopamina, la serotonina y la grelina.

 

Y claro, una vez más nuestro bagaje educativo y de aprendizaje desde que nacemos, nos deja una impronta que nos acompañará a lo largo de nuestra vida. El trabajo maravilloso es por cierto conocer e identificar ese aprendizaje, para elegir desde la consciencia, si es lo que seguimos queriendo y nos beneficia, en nuestro presente. 

 

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Un público como siempre suele ocurrirme, entusiasmado con la idea de aprender e interaccionar, convirtiendo al final la charla en un intercambio de experiencias. Y muchas preguntas, muchas. También yo no dejo de hacérmelas continuamente.

 

Quién dijo que fuese fácil, o rápido, entender qué es esto de llevar una relación con la comida tranquila, agradable, amable. Eso no quiere decir que en el camino de aprenderlo, encontremos aspectos de nosotros que desconocíamos, capacidades que no habríamos imaginado que teníamos o fuentes de motivación que nos proporcionan una fuente de placer y nos aleja del foco único de la comida. 

 

Charla comida

Gracias a todos por venir y por hacerme pensar con vuestras aportaciones, porque estas charlas son un motor creativo y de motivación también para mí. 

 ¡Nos vemos en la próxima!

 

La verdad es que ando cocinillas últimamente, estoy investigando nuevas texturas y sabores, y me encuentro en plena fase de experimentación. Septiembre está siendo duro, horroroso de trabajo a ratos, y meterme en la cocina a manipular supone una desconexión intermitente de la realidad, que me permite no pensar. 

Amo el coco, me apasiona, al igual que el cacahuete, el tahín, la yuca o la batata. Son esos alimentos que despiertan en mí una sensación inmediatamente de bondad entre tantas hostilidades... me hacen ver la vida de otra manera, así os lo digo. Cada uno de estos alimentos se define con una personalidad propia, y lo siento, pero no encuentro símiles que estén a la altura, son para mí como los colores básicos que nos explicaban en las clases de Plástica, a partir de los cuales surgen todos los demás. 

Hice estos dulces para mis sobrinos, nuevamente en una de esas tardes de domingo que, si ya has leído alguna de mis entradas, sabrás no estimo en exceso. Los cociné con la firme voluntad de que los enanos sigan probando cosas diferentes, aunque no les guste, pero que expongan su paladar a lo nuevo. "Me gusta la cortecita tita, pero lo de dentro es raro". Bueno, al menos lo probó. 

La particularidad de este dulce es la harina de coco, una harina libre de gluten, muy rica en fibra y baja en carbohidratos.

El resultado es un bocado denso, con un intenso sabor a coco y a limón. En este caso, al tratarse de una harina tan rica en fibra que absorbe toda la humedad, se espera densidad y menos esponjosidad. De esta manera hacemos un dulce sin gluten y sin lactosa, y muy rico en proteínas. Saciante, sin dudas.  

INGREDIENTES

  • 5 huevos
  • 100g mantequilla pura de vaca (no margarina)
  • 100 ml leche o bebida vegetal
  • 80g harina de coco
  • 100g harina de arroz
  • 80g de panela
  • 80g coco rallado
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • 2 limones
  • Canela y semillas de amapola para decorar

ELABORACIÓN

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Calentar la mantequilla hasta reblandecerla. En un recipiente, batirla enérgicamente junto con la panela, e incorporar los huevos. Continuar batiendo. 

Posteriormente rallar la corteza de un limón entero, añadir a la mezcla anterior y también el zumo de ese limón completo. Si te gusta un sabor intenso a limón, puedes añadirle un poco más. 

A continuación, incorporar la harina de coco, junto con el coco rallado y la levadura. 

Por último añadir la leche. En este momento notarás cómo esta harina absorbe todo el líquido que haya. Puedes añadir un poco más de leche si lo necesitas. 

En un molde metálico para magdalenas, engrasa cada uno de los huecos con aceite de oliva y verter la masa. Decora al gusto, yo puse canela en algunos y semillas de amapola en otros. 

Precalentar el horno a 200 grados y posteriormente, hornear este dulce durante 30 minutos. Verás cómo se dora la superficie (pincha con el tenedor unos minutos antes, para evitar que se cueza en exceso y quede más seco). 

TRUCO: A mitad de cocción, añadir un chorreoncito de almíbar por encima de cada magdalena. 

ALMÍBAR: Zumo de 1 limón, 1 cucharada sopera de agua y 30g de azúcar. Batir enérgicamente. 

¡Y listo!

 

 

Me regaló mi amiga Maribel unos higos de la higuera granadina de su madre, y desde entonces, mi cabeza andaba dando vueltas a una receta como ésta. Quería algo que al comerlo me transportara a la cocina de Oriente Medio por la que siento auténtico fervor, y sobre la que escribo en este blog siempre que tengo oportunidad (el arte de parar el tiempo). Hasta ese momento estaba devorándolos en ensalada (mezclados con queso azul, por ejemplo un Stilton), troceado en un yogur con semillas, o sencillamente a bocados, y apurando los últimos que me quedaban, hice este pastel. 

Siempre hay una buena razón para cocinar, pero la de encontrarse con amigos para pasar un sábado de intercambios gastrosóficos en su casa, me llamaba a gritos. Son esos momentos que esperas felizmente durante toda la semana porque intuyes. Hubo algunas cositas más que cociné para este encuentro, de las que hablaré en otro post con receta por delante. 

Esta fruta mediterránea es una suerte de placer efímero que releva a las brevas en el calendario, y que nos acompaña durante escasas semanas. Los hay verde, azulados y negros, quizás los primeros destaquen por ser más jugosos y dulces, pero a nivel nutricional todos comparten las mismas propiedades.

Son ricos en azúcares, eso quizás sea algo que aleje a muchas personas de su consumo, confundiendo y comparando bajo el mismo patrón el azúcar natural de la fruta, con el azúcar de productos alimentarios industriales. Y no, no debemos hacerlo. Ese azúcar por ejemplo, sirve para aportar el dulce a un pastel como éste sin necesidad de otras fuentes azucaradas refinadas. Añadir algún dátil además confiere cremosidad y aporta el broche final del dulce natural que comento.  

Su aporte de fibra y agua le hace al mismo tiempo un alimento muy saciante y ayuda a equilibrar el tránsito intestinal. Ésta es una receta por cierto vegetariana, sin gluten y sin lactosa.

El resultado es un pastel no excesivamente dulce (yo al menos lo agradezco), donde se aprecian diferentes texturas, cremosas (por el higo y el dátil horneados), crujientes (de las diferentes semillas) y evoca a esos dulces de Oriente Medio de Ottolenghi desde mi más sincera humildad y devoción a ese cocinero. 

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Paola, Jose y Carlota habían cocinado además un paté de calabaza y tahini, un pastel hojaldrado de espinaca honrando nuevamente a nuestro Otto, y en la mesa nos esperaba una tabla de quesos decorada de tal manera, que cualquier fotografía ofendía la realidad. 

 

Vamos con la receta:   

INGREDIENTES

  • 400g higos frescos (no deshidratados)
  • 4 huevos camperos o ecológicos
  • 100 ml aceite de oliva virgen extra
  • 4-5 dátiles Medjool
  • 90g almendras y anacardos (crudos sin sal)
  • 200g harina de arroz
  • 1 cucharadita de bicarbonato (en su lugar, levadura)
  • Semillas de chía y amapola

ELABORACIÓN

Pica en un procesador de alimentos la mitad de los higos, dátiles y frutos secos (resérvate unos cuantos para decorar), pero no llegar a molerlo hasta polvo, sino en trocitos muy pequeños. 

A continuación añade los huevos y el aceite de oliva, y vuelve a batir. Por último, incorpora la harina de arroz y el bicarbonato, y mezcla todo muy bien, hasta conseguir una pasta homogénea. 

Precalienta el horno a 180 grados.

Engrasa un molde con aceite de oliva (yo escogí uno cerámico, que funciona fenomenal) y verter sobre él la mitad de la crema. Posteriormente añade gajos de higos troceados y bien repartidos a lo largo del pastel. Vierte el resto de la crema y por último, añade los trozos de higos que te queden. 

Pon unas almendras por encima bien repartidas y espolvorea semillas

Hornea durante unos 30 minutos a 180-200 grados (dependerá del horno que tengas). Pincha para asegurarte que sale limpio, pero te aconsejo que no lo cocines en exceso, porque se agradece la textura húmeda en este pastel. 

Bon appétit. 

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Esta receta originalmente iba a ser elaborada con masa madre. Me levanté una mañana apacible de fin de semana, de ésas en las que lo tienes muy claro, y sin ni siquiera tomar café, me lancé directamente a preparar la masa madre. 

Durante varios días estuve fermentándola en casa, y quizás por el calor sahariano en el que me encontraba en esos momentos en mi querida Sevilla, la masa madre fue todo un fracaso, y por más que me dolió, acabé desechándola. Así es la cocina, una escuela de paciencia, donde también aprendes a sobrellevar el arte de la frustración. No pensaba rendirme de todos modos, así que decidí comprar levadura fresca de panadero, y luego por mi parte dejar fermentar la masa todo el tiempo del mundo. 

El resultado son unos molletes de miga densa, con el toque ácido de la fermentación y el agradable tostado de la nuez (el crujiente de la nuez horneada es un punto a tener muy en cuenta). 

He de decir que la calidad de la harina también es fundamental para conseguir un buen resultado. Yo he utilizado harina ecológica de muy buena calidad. 

Para aquellos que no sean excesivamente fan de la remolacha, no seais reticentes, recomiendo encarecidamente que prueben este pan, porque la remolacha paradójicamente no es la protagonista, sino la combinación de sabores, que le regala un resultado de lo más original. 

INGREDIENTES (para unos 12-14 molletitos)

  • 450g remolacha ya cocida
  • 200 ml de agua
  • 1 cucharada sopera (cs) de mostaza de Dijon
  • 1 cs aceite de oliva virgen extra
  • 500g harina integral de espelta
  • 150-200g de harina de trigo de fuerza (no es una cantidad fija, porque variará en función de la humedad de la masa. Lo irás viendo sobre la marcha, mientras amasas). 
  • 1 cucharada de postre (cp) de azúcar 
  • 1 cp de sal
  • 13g levadura fresca de panadero
  • Nueces y semillas
  • Tomillo (opcional)

ELABORACIÓN

Hervir el agua, y a continuación añadir la remolacha cocida, la mostaza y el aceite de oliva. Acto seguido, tritúralo con la batidora hasta convertirlo en un puré.

CONSEJO: Mejor no añadas toda la cantidad de agua en la cocción, resérvate unos 75 ml que te servirán como comodín luego, a la hora de mezclar con la harina de fuerza. 

En un recipiente bastante grande, mezcla la harina de espelta con el azúcar, sal y la levadura fresca previamente desleída en unas gotitas de agua. Añade el puré templado de remolacha y mezcla todo bien. 

A partir de aquí, empieza a añadir la harina de fuerza. Al principio verás que no se convierte inmediatamente en una masa fácil, sino más bien húmeda. Ten paciencia, la remolacha hace que esta masa requiera más harina. No dejes de amasar con las manos (si al principio es muy húmeda, con una pala de silicona), para que vaya adquiriendo consistencia.

Juega con las cantidades de agua y harina de fuerza, porque hay muchos factores que intervendrán finalmente en que la masa no se te pegue a las manos (entre ellos la temperatura y humedad del sitio en el que te encuentres. En mi caso, como os digo, ese día fue una mezcla de calor húmedo desesperante, que casi me hizo tirar la toalla, pero lo conseguí). 

Añade tomillo y algunas semillas (sésamo negro, o chía por ejemplo). 

Continúa amasando con las manos durante bastante rato, haciendo dobleces, superponiéndolos, abriendo la masa, agrandándola... juega con ella. Una vez tengas la masa lista (esto lo sabrás porque puedes amasar con tus manos sin que la masa se te quede pegada en ellas), déjala dentro del recipiente y cubre con un paño húmedo y templado, en un lugar fresco y alejado del sol, olores y otros productos que pudieran estar fermentando. 

Deja reposar la masa durante al menos 3 horas. La masa debe aumentar radicalmente de tamaño. Si tienes tiempo, lo ideal es que la dejes fermentando al menos 6 horas. 

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La fermentación permite dar volumen y fuerza a la masa, y también la esponjosidad final. Además, cuanto más tiempo fermente, mejor será la digestibilidad del gluten, y mayor la diversidad bacteriana que aportemos a nuestra microbiota. Un regalito que nunca le viene mal a nuestro intestino. 

Una vez pasado el tiempo, coge pequeñas bolas de masa y aplasta ligeramente, para conseguir un pequeño molletito (no aplastes mucho, sólo unos toquecitos). Colócalos sobre la bandeja de horno previamente forrada con papel vegetal. Coloca una nuez sobre cada molletito. Vuelve a tapar con un paño y dejar reposar de 30 a 60 minutos. 

Espolvorea un poco de harina sobre cada mollete y hornea en el horno precalentado durante unos 30-35 minutos a 180 grados. 

CONSEJO: Este pan funciona fenomenal en una combinación de queso feta, miel y tomillo, aunque lo mejor es dejarte llevar por tu propio instinto y a ver qué surge. Me encantará que me lo cuentes e impregnarme de nuevas ideas

 

 Pan de remolacha hecho

 

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