La temporada de cerezas es tan efímera, tan etérea. Es una de esas frutas que gozan de una belleza extraordinaria. Me gusta contemplarlas, como una granada abierta, ambas sangrantes, rojas. Durante el mes de junio tendremos la posibilidad de disfrutarlas, y luego, se acabó. Más allá de comerlas tal cual, que es un placer, quería seguir con la inercia de los gazpachos diferentes, y al igual que el salmorejo de remolacha es casi un ritual para mí, con éste de cerezas me salgo de la comodidad.
La albahaca fresca que decidí en el último momento añadir a la receta ha sido una alegría inesperada. Potencia aún más el conjunto de sabores. Genial.
Trocear cerezas y quitarles el huesecito una a una es un trabajo bastante minucioso y no, no vas a tardar 5 minutos en preparar este gazpacho. Pero si lo piensas, es también meditativo. Si a esto le pones una música de fondo de éstas electrónicas tranquilas, te trasladas a un lugar durante un rato que te permite no pensar en nada más que los dedos ensangrentados del rojo de la cereza, y la música. Andaba hoy mientras cortaba cerezas, escuchando el Ojo crítico de Radio nacional, me gusta ese programa, y también las reflexiones que la periodista lanza mientras entrevista a escritores y gente de la cultura. Hoy hablaba del amor con un poeta catalán, y del conocimiento que alcanzamos sobre nosotros mismos al amar a otros. Cualquier cosa.

También es temporada de atún de almadraba, y la combinación la estaba pidiendo a gritos: Tartar de atún rojo de almadraba. Maridaje irreprochable.
Voy con la receta.

INGREDIENTES
ELABORACIÓN

Lava muy bien los tomates y troceálos en un vaso de batidora.
Lava también muy bien las cerezas y con un cuchillo, córtalas en mitades, quitándole la pepita a cada una con la mano. Ve incorporándolas al vaso de batidora junto con el pimiento y la cebolleta troceados.
Trocea dos rebanadas de pan integral y añade.
Lava muy bien la albahaca, seca e incorpora al vaso.
Finalmente, añade un buen chorreón de vinagre, sal y pimienta negra molida con el molinillo.
Mientras batimos, incorporal el aceite de oliva, de esta manera tendrás una textura mucho más homogénea y untuosa.
Sirve muy frío, con unas hojas de albahaca por encima.
El verano está a punto de irrumpir en nuestras vidas y el salmorejo de remolacha es una de esas recetas que llegado el momento, se convierten en sustento de placer. Por veces que he tratado de reescribirla para compartírsela a algún amigo que me la pide, confieso que cada vez la preparo de una manera distinta. En realidad, cada día soy más anárquica en la cocina, es un acto de insurrección que me permito en estos tiempos que corren.
Salmorejos hay de todos colores y texturas (por ejemplo gazpacho de cerezas y albahaca). Pero el sabor terroso de la remolacha bien fría, combinado con el crujiente de semillas, y el toque de vinagre que te conecta con la esencia del gazpacho de mi tierra, es un plan sin fisuras.
Creo que la insistencia (machaque) en la alimentación saludable no es tan efectiva como la invitación a la reflexión a través de la persuasión y la argumentación.
Digo esto, por lo acostumbrados que estamos a recibir informaciones huecas en torno lo sano que deberíamos comer según las últimas investigaciones más punteras que se hayan publicado. Y después de muchos años en esto, pienso que jamás he visto a un paciente que se convenza de su cambio y lo consolide en su vida, sólo porque es lo correcto o porque lo dice una guía clínica.
A veces, es necesario afinar el ingenio, detenernos en las necesidades y en la realidad de la persona que tenemos delante, y darnos cuenta por ejemplo, de qué manera esto que queremos transmitirle, conecta con su vida.
Yo dejo aquí un dato que igual puede servir. La fibra prebiótica de la remolacha es un excelente sustrato para las bacterias de nuestro intestino, la ya afamada microbiota intestinal. Gracias a este tipo de fibra, conseguimos que un tipo de bacterias proliferen frente a las patógenas. Tenemos pocas certezas en nutrición y nos pasamos la vida desmintiendo aquello que dijimos tiempo atrás. Pero en el caso concreto de la microbiota, intuyo que hemos abierto una senda investigadora que ya no tiene vuelta atrás y cambiará por completo lo que entendíamos por salud y nutrición.
He escrito algunos post relacionados con este tema, por si te apetece leer más.
Ojalá algún día, la nutrición no esté basada en lo correctro, en lo sano, en la ansiedad por no hacerlo suficientemente bien. Sino en aprender a entender qué necesitamos, qué nos regula, y desde ahí actuar con libertad y responsabilidad. Como la vida misma.
Vamos con la receta:
INGREDIENTES
ELABORACIÓN

Si las remolachas ya están cocidas, sólo tendrás que meterlas en el vaso de batidora junto con el resto de hortalizas, el puñado de pipas de calabaza, el vinagre de manzana, una cucharadita pequeña de comino molido y sal al gusto.
NOTAS IMPORTANTES:
Añade el aceite de oliva para el final, mientras estás batiendo para que emulsione y la textura final sea mucho más cremosa. Yo añadí medio vasito aprox.
El puñado de pipas de calabaza hace que la textura sea más untuosa.
Dejar reposar en la nevera al menos media hora antes de comer.
Para servir, añade un buen puñado de semillas y pipas de calabaza, y cómelo muy frío.