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Tras la maravillosa experiencia en Barcelona con ADILAC, la Asociación de Intolerantes a la lactosa de España y Celíacs de Catalunya, el pasado 21 de mayo retomé con muchas ganas estos encuentros formativos en colaboración con ADILAC, esta vez en plataforma online. Planteamos una exposición basada en la evidencia científica actual, pero al mismo tiempo sencilla y adecuada para todos los públicos, para finalmente dar paso a las numerosas preguntas de los asistentes, que con entusiasmo se prolongaron hasta el último minuto. De esta manera, conseguimos un encuentro participativo cuyo fin, más allá de la recepción de información, es el aprendizaje significativo.

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Explicar de manera sencilla y práctica qué ocurre en nuestro cuerpo cuando se produce la intolerancia a la lactosa, desde el punto de vista fisiológico, y de esta manera, acercarnos hacia una mejor comprensión de nuestro cuerpo. Gracias a ello, seremos más conscientes de la sintomatología, de su prevención y de su tratamiento nutricional, puesto que en muchos casos, el paciente intolerante a la lactosa carece de la información suficiente una vez es diagnosticado. 

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El otro gran bloque de contenidos se centraba en contextualizar esta intolerancia en el marco de una alimentación saludable, basándola en productos naturales que salen de la tierra y del mar, y evitando el uso desmedido de productos “sin lactosa”. Al mismo tiempo, es muy interesante conocer las opciones alternativas a los alimentos que retiremos de nuestra alimentación, y herramientas dietéticas que mejoran la absorción de ciertos nutrientes que pueden verse comprometidos en una dieta exenta de lactosa

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Si no tuviste oportunidad de asistir al encuentro, ahora puedes verlo aquí (accede al vídeo pinchando en la imagen más abajo).

Y recuerda, si tienes alguna pregunta relacionada con la intolerancia a la lactosa, te animo a que entres en el chat de ADILAC los miércoles de 13h00 a 14h00, e intentaré dar respuesta a todas tus dudas. 

 

 

Publicado en Charlas y Talleres
Sábado, 07 Marzo 2015 07:00

Reflexión sobre la intolerancia a la lactosa

Cada día pululan en las calles muchas y muy diversas afirmaciones sobre nuevas tendencias alimentarias, y algunas de ellas, llegan con la intención de quedarse.
Aprovecho para hacer una serie de reflexiones y con ello, sumarme a las recomendaciones de recapacitar y documentarse utilizando fuentes bibliográficas y humanas veraces, antes de asumir ninguna afirmación como premisa sagrada.

Se habla mucho últimamente sobre la leche y la necesidad de tomar o no este alimento.

Tras estudiar el genoma de personas de distintas razas y países se ha probado que, en origen, la lactasa estaba programada para desaparecer cuando acababa el período de lactancia, ya que el humano primitivo dejaba de tomar leche al llegar a esa edad, y ya no necesitaba esa enzima. Parece ser que hace unos cuantos miles de años apareció una mutación cromosómica gracias a la cual, se seguía generando la enzima lactasa. Debido a las ventajas nutricionales de la dieta rica en leche, este gen se heredó y adaptó rápidamente a las zonas en que se criaban animales productores de leche. De hecho, las investigaciones demuestran que los menores porcentajes de deficiencia de lactasa se hallan en poblaciones del norte y centroeuropeas con una larga historia de ganadería láctea (adaptación, supervivencia y herencia).  Sin embargo, incluso en esas regiones, la capacidad de digerir la lactasa puede disminuir con la edad.

Digna de mención es la casi generalizada intolerancia a la lactosa en la población china, y el consumo habitual de leche de soja en esa población (con fitoestrógenos, una sustancia de origen vegetal y similar composición química a los estrógenos humanos). Cada vez son más los estudios que analizan el impacto de los nuevos fitoestrógenos en las mujeres y hombres occidentales. ¿Estamos nosotros adaptados a ellos? De hecho, a pesar de que la tasa de cáncer asociado a hormonas (ovarios, útero, mamas) en mujeres asiáticas es muy inferior a la media, quizás por la protección que se menciona, la tasa no ha disminuido en la población occidental, a pesar de llevar ya unos años consumiendo soja en cantidades significativas. De nuevo, ¿nos encontramos ante una cuestión evolutiva?

La intolerancia a la lactosa creciente en nuestra sociedad, es un tema complejo que requiere atención. No estoy diciendo que dichas afirmaciones no sean ciertas, sino que pueden ser debidas a más factores. Por ejemplo, el estrés y la ansiedad que emanamos desde que nos levantamos, constituye un impacto a nuestro aparato digestivo, además de a nuestro sistema nervioso. Gases, diarreas, estreñimiento, hinchazón… Estamos sometidos a muchas presiones que a veces no sabemos identificar y menos aún canalizar, y nuestro cuerpo lo sufre.

No obstante, si una persona sufre síntomas continuados como flatulencias, hinchazón, dolor abdominal, náuseas, diarreas… debe ser el médico quien le examine y realice las pruebas oportunas. La intolerancia a la lactosa puede ser genética e irreversible, o bien secundaria a otras causas, en cuyo caso es reversible. Por ello es tan importante el diagnóstico.
Dependiendo del nivel de intolerancia, cada persona tolerará una cantidad más o menos alta de lactosa al día, y además, la sensibilidad puede también cambiar con el tiempo y con el estado general de salud.

Ahora bien, si una persona decide dejar de tomar leche de origen animal por decisión propia, al menos dos indicaciones a tener en cuenta:

Primero, consumir una fuente alternativa de calcio de igual biodisponibilidad (capacidad de asimilación en el organismo) y que satisfaga las necesidades diarias (1000 mg), todos los días del año. Da igual si viene de la leche de cabra o de la acelga, pero el organismo necesita 1000 mg/día (hablamos en términos generales para un adulto sano) para satisfacer sus necesidades funcionales. La sustitución de un alimento por otro es una tarea complicada… el sésamo, el brócoli, las acelgas, las algas o los garbanzos, son fuentes de calcio, pero hay que comerlas en grandes cantidades, puesto que tienen menor biodisponiblidad que el lácteo, y además acompañarlas de una fuente de vitamina A, D, C, Fósforo, Magnesio y Potasio, para mejorar su absorción. En este caso, mi consejo es acudir a un Dietista-Nutricionista para que optimice la dieta de tal forma que no se produzcan déficits nutricionales.

Y por último, si dejas de tomar leche durante una buena temporada, el número de enzimas lactasas de tu intestino disminuye drásticamente, pues el organismo aumenta o disminuye las enzimas según sus necesidades. Si decides volver a tomar leche, tu intestino ya no estará habituado y por ello, habría que ir reintroduciendo la lactosa poco a poco, cuidado con esto.

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