cabecerablog

Si echamos la vista atrás unos cuantos años, nos encontramos con avances sin precedentes hasta ese momento (y el presente) en materia educativa, en derechos y libertades del individuo, y como no, en el reconocimiento de la mujer como ente social (y no meramente reproductivo/quitamanchas). Estoy hablando de hace más de ochenta años, en tiempos de la Segunda República española. A través de la educación del individuo, se pretendía cambiar el mundo, y me gustaría pensar que el ardor aún no ha decaído.

No pretendo ni iniciaré un debate de ideologías enfrentadas, pero sí una llamada al sentido común, que tanto escasea últimamente. La educación alimentaria puede y debe entenderse desde un enfoque global, es el ojo que todo lo ve: economía, educación, política, salud pública, cultura, sociedad… (disculpen que la religión no la mencione, hoy decidí apostar por la asertividad, y a estas horas ya no quiero más sobresaltos).

Educar a través de la alimentación en todas sus vertientes (con la administración pública bien cerquita), es dar la oportunidad a la sociedad de avanzar.

Hablemos de salud y alimentación, que es el objeto de este blog. La voluntad preventivista y alfabetizadora de la Segunda República dio como resultado la creación de nuevas leyes y programas de Salud Pública, con el claro objetivo de disminuir las cifras de mortalidad infantil. Era necesario elevar el nivel de “cultura higiénica” de la población española, pues llamaba la atención el aumento progresivo en las cifras de muerte por diarrea y enteritis, como primera causa de mortalidad infantil.

Se celebró por aquel entonces el Primer Congreso Nacional de Sanidad, en el que se expuso con rotundidad el carácter urgente de educar y potenciar la prevención como herramienta clave.

Se promulgó una Ley en 1934 y una Orden Ministerial en 1936 relacionados con la creación de un sistema sanitario, dando lugar a la proyección de una Escuela Nacional de Sanidad y una Escuela Nacional de Enfermeras Visitadoras. Y claro, la figura de la madre como el elemento fundamental, siendo necesario elaborar un nuevo modelo de maternidad moderna que asegurase la salud y el orden familiar.

Y lo más importante, se empezaba a hablar no solamente en términos cuantitativos (comer mucho para estar sano), sino que entre la fantástica divulgación que realizaba este colectivo de enfermeras, figuraban temas relacionados con la alimentación natural, procedimientos y técnica de la alimentación artificial, dietética infantil por edades, instituciones de asistencia alimentaria, trastornos nutritivos, dietas específicas, comedores escolares, etc.

Me llama mucho la atención el tema de la lactancia materna, cuando la madre no podía dar el pecho al bebé. En estos casos, no existían las fórmulas artificiales con las que contamos ahora, sino que se recurría a la leche de vaca como sustituto de la leche materna. Por poner un ejemplo, extraigo literalmente un fragmento leído en un interesante artículo de la Universidad de Alicante, donde se mencionaba la labor de estas enfermeras: Para evitar el peligro que esto suponía, la leche debía obtenerse de una manera higiénica durante el ordeño, "al aire libre, por una persona sana, previo lavado de las ubres de los animales y de las manos del operador con agua caliente y jabón y secadas con lienzo limpio" (Bernabeu, 2011)

Situémonos en un contexto en el que la desigualdad de recursos, el analfabetismo y el acceso a la propiedad de la tierra que se trabajaba eran argumentos que ocupaban lugares prioritarios en el debate político: la reforma agraria era una cuestión vital.

Y el objetivo estaba claro: muchas de aquellas muertes eran claramente evitables a través de una cultura de prevención. 

Hambre y basura

Año 2015. Ochenta y cuatro años después, la higiene alimentaria por suerte ha experimentado un avance claro en nuestro país. En términos generales, podemos decir que nuestros niños no se mueren por diarreas ni enteritis, y la lactancia materna está más o menos bien instaurada en la sociedad. 

Pero el tema de la malnutrición infantil sigue siendo una realidad. Llama la atención que no haya un estudio nacional que revele hasta qué punto existe y cuál es su alcance real. En España hay aproximadamente 2,2 millones de niños por debajo del umbral de la pobreza, (Unicef, 2013). Lo cierto es que no se han hecho estudios en profundidad que identifiquen las consecuencias de la crisis económica en nuestro país. Hay que añadir además el concepto de privación material severa, que se refiere a los hogares que no se pueden permitir cuatro de nueve indicadores ofrecidos, entre ellos una comida de carne, pollo o pescado (o sus equivalentes vegetarianos) al menos tres veces por semana.

Escuchábamos el verano pasado en todos los medios de comunicación el terrible problema de los comedores escolares, y la dificultad de muchas familias para dar una comida decente a sus hijos. Y no estamos hablando de los negritos pobrecitos del África tropical, que a fin de cuentas, nos suponen unos segundos de sobrecogimiento mientras vemos el telediario de las tres, y luego pasamos al postre. Resulta que esto le pasa a nuestro vecino, nuestro amigo o a nosotros mismos. Resulta que estamos viviendo en primera o segunda persona, el drama de la desnutrición y la privación de alimento, mientras la corrupción política sigue ostentando el primer premio. La cultura de barrer para dentro, que a muchos se les da de miedo. 

Y yo me pregunto si el paso del tiempo ha servido para algo.

Dame pan y dime tonto.

 

BERNABEU MESTRE, Josep; TRESCASTRO LÓPEZ, Eva; GALIANA SÁNCHEZ, María Eugenia. “La divulgación radiofónica de la alimentación y la higiene infantil en la España de la Segunda República (1933-1935)”. Salud Colectiva. Vol. 7, Supl. 1 (2011). ISSN 1669-2381, pp. 49-60

Hoy, 22 de marzo, además de las elecciones al Parlamento en Andalucía, es el Día Mundial del Agua, y una vez más, la Seguridad Alimentaria se presenta como un elemento clave en el avance de cualquier colectivo humano, pues qué somos sin alimento ni agua en este mundo. No somos nada.

En los años ochenta, se entendía por Seguridad Alimentaria, la autosuficiencia de un país cuando era capaz de producir todo lo que consumía, algo así como la autarquía. Más adelante, la liberalización de los mercados genera un pequeño cambio sin importancia en la manera de entender a las personas y comerciar con los recursos más esenciales para la vida, que obligó a reflexionar a los literatos que ya habían esgrimido su bonita definición. Así pues, se encontraron con el siguiente conflicto de intereses: La disponibilidad de alimentos no implica el acceso a ellos, o lo que es lo mismo, se puede disponer de suficiente cantidad de alimento y bebida para abastecer a la población, pero no toda la población puede acceder a ellos.

Siendo la semántica un tema fundamental, (podrán tacharnos de otra cosa, pero no de falta de miramientos con el lenguaje y su sintaxis), y haciendo honor a la realidad imperante, la FAO amplía la definición:

La seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana. (Cumbre Mundial sobre la Alimentación, 1996). El término ahora engloba:

1. Disponibilidad física de los alimentos

2. Acceso económico y físico a ellos

3. Utilización de alimentos

4. Estabilidad en el tiempo

Ya tenemos nuestra definición lista para plasmar en cuantos folletos, carteles, interminables diapositivas en las clases de la facultad, días conmemorativos, cenas de gala de políticos… nos apetezca plasmarla. No hay nada más satisfactorio que tener los deberes bien hechos.

Naciones Unidas decidió hace 22 años dedicar este día al Agua dulce, a promover conciencia sobre la importancia de la gestión sostenible de este recurso esencial para la vida, en sus tres dimensiones: local, ambiental y económica. Se creó el Decenio Internacional para la Acción "El agua, fuente de vida" 2005-2015. Cito literalmente: El objetivo fundamental del Decenio es promover los esfuerzos para cumplir con los compromisos internacionales adquiridos en materia de agua y saneamiento para 2015 (…) acordados en la Declaración del Milenio, el Plan de Ejecución de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo y la Agenda 21.

En este caso, nos ha pillado en domingo, y aún no tenemos hechos los deberes para mañana… ahora nos tocará mirar para abajo y aguantar el tirón, pero que en el fondo esconde una sonrisa nívea y permanente que parece que te han pegado con loctite, que no dice nada, de esas que hemos visto últimamente con melodías electorales de fondo. Qué vamos a hacer si no.

Falacias aparte. Promocionar la relación entre higiene, enfermedades y desnutrición, es uno de los objetivos fundamentales que no pueden esperar más congresos ni reuniones mundiales para debatirlo, en las que cuesta más el collar que el perro. Y precisamente afecta, cómo no, a los países que menos se escuchan, aquellos que no se plantean ni siquiera que hoy es el día Mundial de un recurso básico que ellos no tienen, o que está tan contaminado, que prefieren casi ni tocarlo.

Leía un artículo esta mañana que me dio ganas de escribir, porque pienso que en el fondo, todavía hay gente que le importa más ir al grano, que plasmar sonrisas en papel de foto. Hablaba un miembro del comité local de higiene de una ONG, de la construcción de letrinas y el uso de una zona de higiene separada y protegida del ganado en un grupo de familias de Sudán del sur, y cómo sus hijos se ponían menos enfermos desde entonces, e iban ganando en calidad de vida. Escribía al final del artículo que a las mujeres les daba miedo y pudor usar esa letrina, al estar algo alejadas entre los arbustos; miedo por las serpientes y leones que por allí pudiera haber, y pudor por los hombres, que ante tal espectáculo desconocido, pudieran atacarlas.

Y ahí ando, absorta entre líneas y pensamientos.

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