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Domingo, 31 Mayo 2020 21:16

No necesitas una dieta tras el confinamiento

Mejor pregúntale a tu cuerpo qué es lo que necesita, quizás tenga mucho que decir después de estos meses. 

Lo último que voy a decirte es que inicies un proceso que agrave aún más el cóctel emocional por el que probablemente has pasado o estarás pasando. Los que venís a mi consulta lo sabéis, y los que estáis aún dudando, os diré que ésa no es mi forma de trabajar. Debemos empezar a ocuparnos más y mejor de nosotros mismos, de entender qué es lo que de verdad queremos, y dejar de castigarnos con las etiquetas del hambre emocional y la ansiedad con la comida. Durante este confinamiento, has pasado probablemente por situaciones que desconocías y que se escapaban de tu control, sin la más remota idea de cómo salir. Y es legítimo sentir miedo, inseguridad y cualquier emoción que haya pasado por tu cuerpo. 

Si el resultado ha sido aumentar de peso, ¿te vas a castigar más ahora? ¿vas a solucionar algo haciendo una dieta súper restrictiva que te haga aumentar aún más esa ansiedad?

La realidad me devuelve a mi cubículo profesional, donde con paciencia y muchas horas de trabajo entre el paciente y yo, vamos poco a poco esclareciendo la GRAN MENTIRA MILLONARIA que nos ha metido dentro de esta espiral, cuyo objetivo es alcanzar el cuerpo perfecto, cueste lo que cueste. Conseguir una cifra, una talla, desearlo con todas nuestras fuerzas y cuando llegamos a ella, nos damos cuenta que seguimos siendo infelices, que la zanahoria no estaba ahí, o quizás sólo era una ilusión que nos impusimos como meta, para acallar sin ser consciente de ello otras necesidades.

Una cifra de peso es un número que evalúa de forma parcial e incompleta si has hecho bien o no los deberes (a los que llamamos dieta). Pero no tiene en cuenta el alto porcentaje de factores que influyen en el peso de una persona, más allá de la dieta. Por tanto, es un dato estéril, sesgado y probablemente, disparador de insatisfacciones. 

 

Y no estoy hablando únicamente de problemas de sobrepeso y obesidad, la insatisfacción con nuestra imagen corporal y la vinculación emocional con la comida en personas con normopeso, ocupa también un lugar prioritario en este momento. 

En mi consulta probablemente no hallarás la solución a tu estrés y ansiedad, o a las situaciones emocionales pasadas o presentes que te llevan a relacionarte con la comida de manera poco saludable. Pero sí aprenderás a hacer una valoración más completa de ti y de tu alimentación en los diferentes contextos que te mueves en este momento, y por tanto, a ser autocrític@ y constructiv@ para plantear perspectivas de cambio realistas y que te ayuden a encontrar el equilibrio, en lugar de engrosar los depósitos de culpa y vergüenza que tan bien nos han enseñado en esta sociedad. 

 

Si crees que necesitas la ayuda de un Dietista-Nutricionista para aprender a comer de forma más saludable, no lo dudes, seguramente sea una experiencia  que te ayudará a crecer. 

 

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Publicado en Educación Nutricional

Si echamos la vista atrás unos cuantos años, nos encontramos con avances sin precedentes hasta ese momento (y el presente) en materia educativa, en derechos y libertades del individuo, y como no, en el reconocimiento de la mujer como ente social (y no meramente reproductivo/quitamanchas). Estoy hablando de hace más de ochenta años, en tiempos de la Segunda República española. A través de la educación del individuo, se pretendía cambiar el mundo, y me gustaría pensar que el ardor aún no ha decaído.

No pretendo ni iniciaré un debate de ideologías enfrentadas, pero sí una llamada al sentido común, que tanto escasea últimamente. La educación alimentaria puede y debe entenderse desde un enfoque global, es el ojo que todo lo ve: economía, educación, política, salud pública, cultura, sociedad… (disculpen que la religión no la mencione, hoy decidí apostar por la asertividad, y a estas horas ya no quiero más sobresaltos).

Educar a través de la alimentación en todas sus vertientes (con la administración pública bien cerquita), es dar la oportunidad a la sociedad de avanzar.

Hablemos de salud y alimentación, que es el objeto de este blog. La voluntad preventivista y alfabetizadora de la Segunda República dio como resultado la creación de nuevas leyes y programas de Salud Pública, con el claro objetivo de disminuir las cifras de mortalidad infantil. Era necesario elevar el nivel de “cultura higiénica” de la población española, pues llamaba la atención el aumento progresivo en las cifras de muerte por diarrea y enteritis, como primera causa de mortalidad infantil.

Se celebró por aquel entonces el Primer Congreso Nacional de Sanidad, en el que se expuso con rotundidad el carácter urgente de educar y potenciar la prevención como herramienta clave.

Se promulgó una Ley en 1934 y una Orden Ministerial en 1936 relacionados con la creación de un sistema sanitario, dando lugar a la proyección de una Escuela Nacional de Sanidad y una Escuela Nacional de Enfermeras Visitadoras. Y claro, la figura de la madre como el elemento fundamental, siendo necesario elaborar un nuevo modelo de maternidad moderna que asegurase la salud y el orden familiar.

Y lo más importante, se empezaba a hablar no solamente en términos cuantitativos (comer mucho para estar sano), sino que entre la fantástica divulgación que realizaba este colectivo de enfermeras, figuraban temas relacionados con la alimentación natural, procedimientos y técnica de la alimentación artificial, dietética infantil por edades, instituciones de asistencia alimentaria, trastornos nutritivos, dietas específicas, comedores escolares, etc.

Me llama mucho la atención el tema de la lactancia materna, cuando la madre no podía dar el pecho al bebé. En estos casos, no existían las fórmulas artificiales con las que contamos ahora, sino que se recurría a la leche de vaca como sustituto de la leche materna. Por poner un ejemplo, extraigo literalmente un fragmento leído en un interesante artículo de la Universidad de Alicante, donde se mencionaba la labor de estas enfermeras: Para evitar el peligro que esto suponía, la leche debía obtenerse de una manera higiénica durante el ordeño, "al aire libre, por una persona sana, previo lavado de las ubres de los animales y de las manos del operador con agua caliente y jabón y secadas con lienzo limpio" (Bernabeu, 2011)

Situémonos en un contexto en el que la desigualdad de recursos, el analfabetismo y el acceso a la propiedad de la tierra que se trabajaba eran argumentos que ocupaban lugares prioritarios en el debate político: la reforma agraria era una cuestión vital.

Y el objetivo estaba claro: muchas de aquellas muertes eran claramente evitables a través de una cultura de prevención. 

Hambre y basura

Año 2015. Ochenta y cuatro años después, la higiene alimentaria por suerte ha experimentado un avance claro en nuestro país. En términos generales, podemos decir que nuestros niños no se mueren por diarreas ni enteritis, y la lactancia materna está más o menos bien instaurada en la sociedad. 

Pero el tema de la malnutrición infantil sigue siendo una realidad. Llama la atención que no haya un estudio nacional que revele hasta qué punto existe y cuál es su alcance real. En España hay aproximadamente 2,2 millones de niños por debajo del umbral de la pobreza, (Unicef, 2013). Lo cierto es que no se han hecho estudios en profundidad que identifiquen las consecuencias de la crisis económica en nuestro país. Hay que añadir además el concepto de privación material severa, que se refiere a los hogares que no se pueden permitir cuatro de nueve indicadores ofrecidos, entre ellos una comida de carne, pollo o pescado (o sus equivalentes vegetarianos) al menos tres veces por semana.

Escuchábamos el verano pasado en todos los medios de comunicación el terrible problema de los comedores escolares, y la dificultad de muchas familias para dar una comida decente a sus hijos. Y no estamos hablando de los negritos pobrecitos del África tropical, que a fin de cuentas, nos suponen unos segundos de sobrecogimiento mientras vemos el telediario de las tres, y luego pasamos al postre. Resulta que esto le pasa a nuestro vecino, nuestro amigo o a nosotros mismos. Resulta que estamos viviendo en primera o segunda persona, el drama de la desnutrición y la privación de alimento, mientras la corrupción política sigue ostentando el primer premio. La cultura de barrer para dentro, que a muchos se les da de miedo. 

Y yo me pregunto si el paso del tiempo ha servido para algo.

Dame pan y dime tonto.

 

BERNABEU MESTRE, Josep; TRESCASTRO LÓPEZ, Eva; GALIANA SÁNCHEZ, María Eugenia. “La divulgación radiofónica de la alimentación y la higiene infantil en la España de la Segunda República (1933-1935)”. Salud Colectiva. Vol. 7, Supl. 1 (2011). ISSN 1669-2381, pp. 49-60

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