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Estrella Rubio

Estrella Rubio

Ya empezaba a echar de menos los cuarenta grados a la sombra de Sevilla. Aquellos que somos del sur, tenemos un gen que nos permite adaptarnos a este horno colectivo, y seguir felices. Y es que a mí el calor me pone contenta, aunque esté colándose una gota de sudor por el ojo mientras escribo esto. Y cuando estas temperaturas llegan para quedarse, lo mejor que podemos hacer es hidratarnos mucho, y alimentarnos de platos muy nutritivos, pero en moderadas cantidades, para darnos una digestión tranquila. Porque seguir trabajando cuando impera este calor, y tu estómago está ocupándose de digerir el festín, supone un acto de sedación inmediata, que te lleva a un profundo sueño. 

El otro día preparé un salmorejo de remolacha fresquito, y hoy me he decidido por el ajoblanco, otro tipo de sopa espesa, basada de nuevo en alimentos de la tierra: almendra, pan, aceite y ajo. Parece que esté resurgiendo este plato en los gastrobares de todo el país, como acompañamiento de algún pescado marinado, o como tapa estrella de la carta. Y me alegro. Porque siempre que me topo con este plato, me lo pido (igual que las espinacas con garbanzos, no falla). 

El origen humilde del ajoblanco, se relaciona con la tierra andaluza y los trabajadores del campo. Probablemente, antes de la llegada del tomate procedente de América, esta sopa era el sustento de buena parte de campesinos. Una sopa fría, que alimenta y da fuerzas, pero que al mismo tiempo permite continuar con la dura jornada. 

Esta sencilla receta, que no comporta dificultad alguna, ha sido sutilmente adaptada, reduciendo el contenido de aceite y sustituyendo el pan blanco por integral. El color por tanto deja ver algunas trazas marroncitas, así como una textura algo menos emulsionada, al contener menos aceite. Pero el sabor, es inconfundible. Exquisito.

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INGREDIENTES 4-5 personas

  • 200 g de almendras crudas sin piel
  • 100 g de pan integral (sobre todo miga)
  • 6 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 diente de ajo (eliminar la parte interior, para evitar digestiones pesadas)
  • 2-3 vasos de agua (opcional, en función de cómo de espeso lo quieras)
  • 1 chorreoncito de vinagre de manzana
  • 1 pizca de sal

Para la guarnición (a combinar según gustos): 

  • Jamón ibérico en taquitos
  • Pasas (sin azúcares añadidos, ver ingredientes en la etiqueta)
  • Uvas, melón o mango en taquitos

ELABORACIÓN

Trocear la miga y cubrir con el agua. Dejar que se ablande. En una picadora, picar previamente las almendras hasta reducirlas a polvo, o al menos que queden bien picadas. Posteriormente, en esa misma picadora (si lo permite) o vaso de batidora, incorporar las almendras junto con el resto de ingredientes, excepto el aceite de oliva. Batir una primera vez. A continuación, ir incorporando el aceite poco a poco, para que vaya emulsionando y creando la textura cremosa. Si lo ves muy espeso, puedes añadirle más agua poco a poco, hasta conseguir la consistencia deseada. 

Meter en la nevera y servir muy frío. La guarnición es opcional: la combinación de una fruta dulce, como el melón, mango o pasas, con el salado del jamón, es exquisita. También puedes acompañarlo de un poco de tartar de salmón o de atún, y entonces ya el plato será motivo de éxtasis.

 

 

COMENTARIOS FINALES

El tamaño de ración ha de ser comedido, mejor servirse una pequeña ración primeramente, disfrutar de cada cucharada y su explosión de sabor y texturas; no pasa nada por servirse otra pequeña ración de nuevo, pero siempre desde la consciencia de la saciedad y la plenitud de nuestro estómago. No lo digo exclusivamente por el ajoblanco, sino en cualquier comida que tomemos cada dia, y sobre todo ahora, en esta época de calor. 

Hay que tener en cuenta que este plato tiene un contenido energético relativamente elevado, que al estar triturado pasa desapercibido. En general, podemos destacar su alto aporte nutricional, en forma de ácidos grasos monoinsaturados y en menor medida de poliinsaturados (Omega 3), proteína vegetal, fibra y calcio. Un cóctel nutritivo excelente, que acompañado de fruta fresca y una buena ensalada de vegeales crudos, resulta una comida deliciosa. 

 

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Se me hace la boca agua pensando lo que voy a comer cuando llegue a mi casa. Siento una pasión inexplicable hacia la remolacha, y digo inexplicable, porque normalmente suele ejercer un efecto importante en lo más recóndito de mis tripas, a veces imprevisto. Es uno de esos alimentos prebióticos naturales, como las alcachofas, espárragos, puerros o achicoria, que refuerzan tu microbiota intestinal de forma contundente. Cada vez estamos más seguros de que la salud empieza en el intestino, y de él depende nuestra supervivencia y resistencia a las infecciones y la enfermedad. Por tanto, no es un asunto menor ocuparnos de nuestro colon, dándole ingredientes no digeribles y por tanto fermentables por las bacterias, suponiendo un importante fortalecimiento de nuestro sistema inmunológico.

Así que, recomiendo encarecidamente a todo aquel que le guste la remolacha (y si es estreñido, mejor), que se dejen de tanta historia de "no comas remolacha, que tiene mucho azúcar"  y disfrute de la cantidad de platos que podemos cocinar con ella. 

La remolacha es una fuente excelente de ácido fólico, potasio y magnesio, además de Vitamina C (que perderá en buena parte al ser cocida), vitaminas del grupo B, yodo y hierro no hemo. El contenido en azúcar alcanza el 7% y 2,5% de fibra aproximadamente.

Es cierto que es la hortaliza (raíz), que aporta más azúcar, seguida de la zanahoria, cebolla y batata; pero al mismo tiempo, no debemos confundirnos con el azúcar que se obtiene del aislado de la remolacha azucarera y posterior uso culinario, puesto que en este caso, estamos hablando de un azúcar libre, sin más. Como el ejemplo de la naranja entera y el zumo de naranja. La primera contiene toda su fibra, y por tanto la asimilación del azúcar en la sangre es más lenta, frente a la ingesta de azúcar libre (fructosa) procedente del zumo, que genera un efecto hipergucemiante muy rápido, con la consecuente secreción de insulina y almacenamiento en forma de triglicéridos (grasa). Estos picos de insulina a lo largo del tiempo, se relacionan con la resistencia a la insulina (entre otros factores).

Aunque, para no dar lugar a error ni ejercer demagogia barata, obviamente prefiero que una persona tome un zumo de naranja natural, a una Coca Cola. Ambos contienen azúcares libres, pero creo inncesario argumentar la respuesta. Fundamentalmente, nos estamos refiriendo al azúcar libre contenido en todos los alimentos procesados, que contienen azúcar añadido de alguna manera. 

Así que, dos conclusiones al respecto: 

1. La remolacha tiene un contenido de azúcar algo mayor que el resto de hortalizas, pero se trata de un azúcar naturalmente presente y rodeado de fibra y nutrientes. 

2. No es lo mismo comer remolacha roja (Beta vulgaris), que el azúcar procedente de la remolacha azucarera (Beta vulgaris var. saccharífera). 

 

Resuelto el problema, vamos a la cocina:

INGREDIENTES PARA 2-3 PERSONAS (en función de si será plato único o entrante)

  • 2 remolachas cocidas si son grandes y 3-4 si son pequeñitas
  • 2-3 tomates maduros
  • 1 pimiento verde pequeño
  • 1/3 de un pepino (prescindible, si no te sienta bien)
  • 1 chorreoncito de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharada generosa de comino molido 
  • Un toque de pimienta blanca
  • Una pizca de sal
  • Vinagre de manzana (opcional).  

Para la guarnición:

  • Un huevo cocido por persona
  • Un puñado de pipas de calabaza, semillas molidas de sésamo, lino...

ELABORACIÓN:

Tenemos dos opciones, comprar la remolacha cruda y cocerlas nosotros, o ya cocida y envasada al vacío (ver ingredientes: remolacha exclusivamente, y no azúcar. No sirve la opción de remolacha en bote rallada, porque siempre lleva azúcar añadido), o comprarla cruda, en cuyo caso, explico cómo prepararla: Refriega suavemente la superficie de la cáscara de la remolacha con un trapo para quitar el exceso de tierra, o enjuágalas con agua. Corta la raíz y mete en una olla con agua hirviendo y sal, durante unos 30 minutos. Dejar enfriar antes de servir.  A TENER EN CUENTA: las remolachas, si son muy grandes, son más fibrosas y tardan más en ponerse tiernas, es recomendable optar por las pequeñas. Al conservarlas, deben separarse las hojas del bulbo, ya que las hojas absorben el agua del bulbo y las remolachas se deshidratan, modificando su aspecto y sabor.

Una vez listas las remolachas, incorporar las hortalizas troceadas en un vaso de batidora, condimentar y dejar el aceite para el último momento. Batir enérgicamente, y cuando esté todo triturado, ir incorporando el aceite poco a poco, sin dejar de batir (de esta manera emulsionará, y tendrá textura más cremosa). Conservar en la nevera hasta servir muy frío y añadir la guarnición que más te guste (las semillas le van fenomenal). 

Si lo vas a tomar como cena, puede ser un plato único perfecto añadiéndole huevo y semillas molidas. Si lo tomas a mediodía, puedes tomarlo como primero y luego elegur entre un filetito de atún de temporada, un tofu con curry a la plancha o un taboulé de quinoa y pipas fresquito. Y ya tenemos menú veraniego. 

 

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Sólo por revolcarme en la frivolidad. Ayer fui testigo oyente de la merienda -especialidad de la casa- de una cafetería: batido de helado, con donut encima, nata montada y galletitas troceadas en la siguiente capa, adornando. Tras el impacto, pensé dos cosas: qué cansada me siento ya, a estas alturas de junio… pero también, pensé en hacer el bien de alguna manera, y escribir mi propuesta personal de merienda en este blog. A lo mejor no cambio mucho el mundo, tal y como están las cosas, pero al menos me gano un punto para mi karma personal, que andamos siempre escasos de méritos.

El símil sería el siguiente: cuando empiezas a ver la cima a lo lejos, después de horas venciendo un desnivel sin tregua, te invade una motivación que no te explicas, y con la que no contabas. Y sin saber muy bien cómo, llegas al final del camino. Pues esto es igual, todo el año trabajando y empleando cada neurona en intentar mejorar la vida de la gente (a través de su estilo de vida), conlleva un cierto desgaste (hercúleo), e incluso me atrevería a decir desconcierto. Cambiar hábitos es algo así como trabajar para conseguir la utopía de Tomás Moro de su isla perfecta, pero con concesiones, y a ver hasta dónde llegamos. Mi visión de la nutrición como especialidad sanitaria, trasciende el mundanal ruido de las franquicias adelgazantes, y se acerca al concepto de escuela. Es el alimento, y lo que hagamos con él, lo que condicionará nuestra supervivencia como individuos y como especie. Y para entender esto, debemos empezar por trabajar la base, fomentar la educación nutricional como parte de nuestro día a día. Quizás entonces podamos sentirnos más identificados con ese cambio que tanto esfuerzo nos supone.

Para hacerme la vida más bonita entre tanta verborrea pedagógica… hago uso de una realidad paralela (temporal…), impregnándome de mis placeres mundanos más poderosos, y por lo general, no suelen fallar. Llegado a este punto de mi vida, considero esencial la práctica del hedonismo por el hedonismo; tal cual, sin plantearme explicaciones más trascendentales.

Así que, mientras el potente aroma de las galletas horneándose comenzaba a inundar mi casa, yo me dedicaba a poner mapas enormes sobre la mesa, buscando pueblos, montañas y gastronomía en estado puro de los viajes inminentes que están por llegar. La felicidad estival se asoma con gozo y nervio, tan sólo habiendo olisqueado los delirios que esconde la gastronomía siciliana, pierdo el sueño imaginando tales placeres. En este preciso instante, doy mi vida por sentarme a la mesa (a lo Montalbano), frente a una buena caponata siciliana, una burrata con su aceitito de oliva por encima, y un Mediterráneo acariciándome. El tiempo se detiene, y las miserias desaparecen en ese instante.

Por cambiar el tercio. La receta de galletas que planteo en este post, tiene un aroma a Marrakech. Y no precisamente por su arraigo cultural, sino por la mezcla de especias que encontré en la recóndita Medina, después de haber deambulado por infinitos recovecos, sin rumbo, dejándome llevar por la belleza de lo desconocido. Una vez más, experiencias estéticas anegaron mi retina, irremediablemente. Dimos con un puesto de pastelillos de miel, que 

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me recordaron al sabor potente de los pestiños, y no pude resistirme. 45 épices melangées, se llama la mezcla de especias que me recomendó el bereber: canela, clavo, cardamomo, jengibre y nuez moscada. El resto hasta llegar a 45, forma parte de la verborrea de mercado, o yo al menos no sé darle otra explicación. 

 

Ya que me pongo, hice otra tanda de galletas de cacahuete, esta receta la dejé publicada aquí. Y con esto, merienda conseguida para varios días. Aproveché (esto tampoco es necesario) e hice pan integral para el resto de la semana. Pero antes de que ya me salgan las críticas de “yo no tengo tiempo para pasarme una tarde entera cocinando”, alegaré que el tiempo requerido para hacer estrictamente las galletas de zanahoria, no supera los 45 minutos. Ya que cada uno elija libremente qué hacer con su tiempo (y su salud).

 

Procedo:

Galletas de zanahoria y avena:

Ingredientes:

  • 3-4 zanahorias grandes y ralladas en el momento
  • 1 vaso de copos de avena integral
  • 1 vaso de harina integral (trigo espelta...)
  • 1 huevo campero o ecológico
  • 1/3 del vaso de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 sobre de levadura
  • 1 cucharada sopera de mezcla de especias en polvo: canela, clavo, cardamomo, nuez moscada, jengibre
  • Esto transfiere un sabor dulce natural, pero si quieres, puedes añadir una cucharada sopera de azúcar de caña integral (panela), o un poquito de Stevia pura (mín. 97% glucósidos de esteviol).

Elaboración:

Batir el huevo y el aceite. Añadir el resto de ingredientes y mezclar muy bien con la ayuda de una espátula o cuchara. Dejar reposar 15 minutos a temperatura ambiente, para que la levadura empiece a hacer su efecto. Mientras tanto, precalentar el horno a 180 grados.

Sobre una bandeja de horno, poner papel vegetal, y colocar con una cuchara sopera, pequeños montoncitos de la masa preparada. Dejar una distancia suficiente para que no se peguen (bastarán 2 dedos entre una y otra). Hornear durante 15-20 minutos a 200 grados (ir observando el proceso, y si ves que se doran antes, sácalas en ese momento, aunque no haya llegado al tiempo indicado. Varía mucho según el horno.

Una vez horneadas, dejar sobre una rejilla enfriar y luego conservar en un bote de cristal cerrado (más o menos 4-5 días).

 

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¿Crees que tus hijos/as se alimentan bien?

Según el pediatra Carlos Casabona, en su artículo ¿Por qué tu hijo come peor de lo que piensas?, en las últimas décadas se han producido grandes cambios sociológicos y tecnológicos, que han modificado nuestra manera de vivir. Los niños han recibido de pleno el impacto de estos cambios y está en peligro la sostenibilidad del sistema sanitario en un futuro no tan lejano. (1)

Es por ello que, NUTRIMENTE, en su afán de trasladar a la calle la escuela de alimentación que día a día trabaja en consulta, estará el próximo viernes 27 de abril a las 18h00, en el centro de Logopedia y Pedagogía terapéutica de Guillena (Sevilla), para tratar de forma amena y práctica temas relacionados con la alimentación de los niños y niñas en edad escolar. 

Prevenir la obesidad y las enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación y el estilo de vida, es una cuestión de educación, consciencia y voluntad.

 En el taller hablaremos de...

  • Creación de hábitos. Si tú no lo haces, no esperes que ellos lo hagan. Prevención de la obesidad y enfermedades crónicas.

  • Falta de planificación, improvisación y desesperación. Ideas para planificar y cocinar un menú saludable, evitando recurrir a ultraprocesados. 

  • Premios y castigos en la alimentación. Errores habituales en la alimentación de los más pequeños.

  • Recreos y meriendas. Propuestas saludables y sugerentes para llevar al colegio, al parque, a los cumpleaños... 

  • Análisis de productos alimentarios "para niños". Etiquetado nutricional, publicidad dirigida a menores, ingredientes poco saludables. 

  • Resolución de dudas. 

 

Al tratase de un taller práctico, son 20 plazas limitadas.

Información e inscripción: 675 815 972

Tarifas: 5 euros inscripción individual, y 8 euros la pareja. 

 

¡Llama y reserva tu plaza!

 

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1. Casabona Monterde C, Serrano Marchuet P. ¿Por qué tu hijo come peor de lo que piensas? (20 consejos útiles para la consulta del pediatra de Atención Primaria). En: AEPap (ed.). Curso de Actualización Pediatría 2018. Madrid: Lúa Ediciones 3.0; 2018. p. 105-124.

Terminamos la semana, continúa la lluvia, el viento y el sentimiento colectivo de hastío de este temporal extraño, en una ciudad cuya vida y energía se rigen por los rayos de sol. Fue un auténtico placer dar estas charlas en un lugar tan acogedor y rodeado de libros, sapiencia y gente tan dispuesta a aprender. Una biblioteca pública es un santuario.

 Como ya sabrán aquellos que me conocen, procuro basar mi trabajo diario en consulta, en una combinación de clínica y pedagogía, dando como resultado una escuela de alimentación por fascículos, en la que en cada sesión trabajamos una temática (amén de las patologías clínicas en las que además, se requiere un tratamiento nutricional específico). Pero a veces la consulta se ve limitada por el tiempo, por eso, estas charlas divulgativas me resultan una oportunidad fantástica para transmitir. Es realmente una lástima que a día de hoy, no se proporcionen estas opciones de manera estructurada y protocolarizada a colegios, centros de salud, centros públicos... La alimentación es crucial en los seres vivos, y sabemos además que es la clave, junto con la actividad física, para prevenir las enfermedades crónicas degenerativas del siglo XXI. Pero los Dietistas-Nutricionistas, por el momento, seguimos pintando bien poco en el sistema público. 

Seguiremos luchando. 

Si tenéis dudas o aportaciones que queráis hacer, podéis utilizar este blog para que todos puedan compartirlo, o escribirme directamente a mi correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Como prometí, os dejo aquí las recetas que fui mencionando en la charla del viernes sobre alimentación infantil. Algunas de ellas están publicadas en el blog de Nutrimente, otras son las publiqué en redes sociales pero las adjunto en esta entrada, y en las próximas, iré publicando nuevas recetas dulces, para ampliar las opciones de meriendas y desayunos.

RECETAS DULCES

1. Galletas de cacahuete

2. Queso quark con arándanos 

3. Porridge de avena 

4. Brownie de algarroba y nueces

5. Barritas de avena y plátano

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RECETAS SALADAS

1. Hummus

2. Pastel de mijo 

3. Pastel de col con aroma de estragón y albahaca

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¡A disfrutar!

 

¿Crees que tus hijos/as se alimentan bien?

Te invitamos al taller de padres y madres que daremos el próximo viernes 9 de marzo, en la Biblioteca Pública Las Columnas, en Triana (Sevilla), donde de forma práctica, aboraderamos temas relacionados con la alimentación de los niños y niñas de entre 3 y 12 años.

Prevenir la obesidad y las enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación y el estilo de vida, es una cuestión de educación, consciencia y voluntad.

 

Alimentación adolescentes

           Hablaremos de...

  • Creación de hábitos. Si tú no lo haces, no esperes que ellos lo hagan. Prevención de la obesidad y enfermedades crónicas.

  • Falta de planificación, improvisación y desesperación. Ideas para planificar y cocinar un menú saludable, evitando recurrir a ultraprocesados. 

  • Premios y castigos en la alimentación. Errores habituales en la alimentación de los más pequeños.

  • Recreos y meriendas. Propuestas saludables y sugerentes para llevar al colegio, al parque, a los cumpleaños... 

  • Análisis de productos alimentarios "para niños". Etiquetado nutricional, publicidad dirigida a menores, ingredientes poco saludables. 

  • Resolución de dudas. 

 

Sólo tienes que llamar para inscribirte, o puedes hacerlo en la misma biblioteca. La entrada es totalmente gratuita. ¡Son plazas limitadas! 

Más lunch

¿Sabes lo que comes? ¿Sientes que la etiqueta de los alimentos está escrita en clave? ¿Crees que necesitas la calculadora para descifrar todos esos números?

Si estás interesado/a en saber lo que comes cuando compras un producto envasado y comprar con consciencia, el próximo martes 6 de marzo, a las 19h30, en la biblioteca Pública Las Columnas, en Triana, haremos un taller práctico para intentar descifrar la letra pequeña, y no quedarnos más con cara de tont@ al intentar leer la lista de ingredientes.  

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Entre los temas que trataremos...

  • Análisis de una despensa saludable a partir de una compra inteligente. Qué necesitamos para comer bien

  • Nuevas tendencias de consumo. Indagación de nuevos alimentos falsamente saludables.

  • Etiquetado. Listado de ingredientes, tabla de composición nutricional, alegaciones nutricionales. Aprendiendo a mirar más allá de las calorías.

  • Productos sin gluten, sin lactosa. ¿Moda o salud?

  • TALLER PRÁCTICO: Análisis de productos alimentarios habituales para entender su etiquetado. 

  • Resolución de dudas.

 

 

 

Sólo tienes que llamar para inscribirte, o puedes hacerlo en la misma biblioteca. La entrada es totalmente gratuita. ¡Son plazas limitadas! 

  

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Domingo por la tarde, frío, silencioso, podría decir incluso que me siento relajada, a pesar de las semanas de trabajo que me rodean, y el fin de semana que me ha tocado sacar otro tanto adelante. El silencio me inspira, el frío también. Y como me queda una larga tarde, he decidido dejar salir la creatividad un ratito a estirar las piernas. 

Me vuelve loca la mantequilla de cacahuete, una cucharada espesa que una vez entra en la boca, ocupa toda tu atención en despegarla del paladar con la lengua, y poco a poco, te va suministrando intensas dosis de sabor tostado y rotundo a cacahuete. Lo tengo comprobado, están los fanáticos y los detractores a ultranza de este alimento, pero desde luego no te deja indiferente.

Y me refiero a la auténtica, a esa que resulta del triturado hasta conseguir una pasta densa de cacahuetes tostados y pelados, y punto (ni sal, ni azúcar, ni miel, ni grasa de palma…). Puedes hacerla en casa sin ningún problema, sólo tienes que tener un aparato que muela los cacahuetes (molinillo con cuchilla específica o procesador de alimentos) y un bote de cristal para conservarla en un lugar seco fuera de la nevera. Si la compras ya envasada, fíjate que los ingredientes que contenga sean exclusivamente 100% cacahuetes tostados. Actualmente puedes encontrar además su versión ecológica en tiendas especializadas de alimentación ecológica. Ojo porque, al ser un alimento que está popularizándose cada vez más, hay muchas versiones de esta crema que suponen un insulto a cualquiera que pretenda comer algo saludable. Y digo yo, ¿por qué se tiene que añadir azúcar o grasa de palma a un alimento más bien salado y ya de por si graso y palatable? Qué manía de adulterar sabores y crear adictos al producto procesado. 

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Imagen: Etiquetado crema de cacahuetes, ejemplo de LO QUE NO HAY QUE COMPRAR. Lleva azúcar, grasa de palma y sal. Y encima, es ideal para niños y adolescentes por su "alto nivel nutritivo", no le falta un detalle...

 

A nivel nutricional resulta un alimento fantástico, concentrado de proteína vegetal, fibra, ácidos grasos mono y poliinsaturados, vitamina E y magnesio. Es cierto que, como todo fruto seco, aporta un contenido energético elevado, por eso la cantidad que se utiliza como base para cualquier receta es moderada.

EEUU es el principal productor de mantequilla de cacahuete y su consumo se remonta a finales del XIX, aunque hay otros países como Australia, Reino Unido o Canadá que también lo consideran dentro de su alimentación habitual. Cómo no, hay muchísimas recetas yankies que a mí no me seducen lo más mínimo (por ejemplo, sandwich de mantequilla de cacahuete y bacon, y el más famoso, peanutbutter and jelly sandwich, o también llamado PB&J, un sandwich de mantequilla de cacahuete y mermelada).

Con la mantequilla de cacahuetes podemos hacer infinitud de platos, como salsas para verduras, ensaladas, noodles, langostinos... untada en pan, base para hummus (en lugar de tahiniI), barritas de cereales, galletas…

Yo he hecho una receta bastante rapidita combinada con copos de avena, para que queden trocitos al masticar. Y la verdad, es un placer poder disfrutar de este bocado un domingo por la tarde, frío, desapacible (como cualquier domingo que precede a un lunes...) y rodeada de folios y material de trabajo. Ya llevo dos mientras escribo este post, con un cafelito humeante que aprieto entre mis manos para calentarlas. No descarto una tercera. La vida es cuestión de prioridades. 

Manos a la obra:

GALLETAS DE MANTEQUILLA DE CACAHUETE Y AVENA

LO QUE NECESITAS (para unas 15 galletas)

  • 4 cucharadas soperas colmadas (c.s.c.) de de harina integral de trigo/espelta
  • 6 c.s.c. de copos de avena integral
  • 6 c.s.c. de leche (la que quieras)
  • 3 c.s.c. de mantequilla de cacahuete (100% cacahuete, ni un ingrediente más)
  • 1 cucharada pequeña de azúcar integral (opcional, sin azúcar están igualmente exquisitas)
  • ½ sobre de levadura en polvo

AL LÍO:

Galletas de cacahuete 2 480x640Mezclar todos los ingredientes en un bol y amasar con las manos. Dejar reposar la masa durante 15 minutos. A continuación, hacer bolas con las manos, escogiendo pequeñas porciones de la masa en función del tamaño que queramos tener de galleta.

Disponer las bolas, en una placa de horno cubierta con papel vegetal, separadas entre sí unos 2-3 dedos y aplastar con los dedos dando forma de galleta (no especialmente uniforme, a mí al menos me gusta que no sean todas igualitas las unas a las otras). Es preferible hacer varias tandas, pero que queden bien separadas entre sí.

Hornear a 180-200° durante unos 15 minutos, o hasta que empiecen a dorarse los extremos.

Cuando las saques del horno, déjalas en una rejilla enfriándose para que no se humedezcan en su base. Para conservarlas, lo ideal es un bote de vidrio hermético. 

 

 

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Bon appétit, et bonne semaine.

Aunque este post lo escribí hace unos años, mis pensamientos y manera de enfocar la situación post navideña, permanecen. Es por ello que, tras leerlo, no he sentido la necesidad de añadir una sola letra, mi intención es continuar en la línea de pensamiento en la que me movía hace cuatro días. Bienvenido 2024. 

El nuevo año ha irrumpido en mi vida con una sutileza inesperada, tan sigiloso, tan trivial… No sé qué ha pasado, si quizás es que no esperaba al nuevo, o no supe despedir al antiguo. De momento, he optado por quedarme con los dos, hasta que me tome el tiempo de digerir 2023. A veces el ritmo de calendario me plantea serias dudas sobre si quiero y puedo seguir esta velocidad a la que vivimos, o debería modular una velocidad propia. Lo cierto es que nunca me había pasado hasta esta nochevieja, en la que, mientras me atragantaba a golpe de uvas, pensaba ¿y ya está, otro año más? Ni que los coleccionáramos. Debo estar en plena ciclogénesis personal.

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Las navidades, como escribía en el post anterior, pueden plantearse de muchas maneras, allá cada cual dentro de sus límites de libertad, pero deberíamos atesorar un cierto sentido de autoconservación. Me refiero a la relación que establecemos con nosotros mismos, a nuestras emociones, pensamientos y acciones que nos describen. En unos días empezaremos de verdad el año, cuando ya los regalos se hayan abierto, los contenedores de basura se colapsen de envoltorios apenas estrenados y directos al vertedero, y el roscón se haya degustado (con remordimiento, porque ya estamos hasta arriba de polvorones). A partir de ahí, la ansiedad de empezar cuanto antes la dieta y el gimnasio volverá a ser la comidilla en la cola de la frutería, donde acudiremos con más asiduidad a comprar kilos de salud, en formato exprés, que no hay tiempo que perder, y la primavera acecha. Ahora la sociedad estrena zapatillas, bebe agua para depurar y compra todo lo que Mercadona etiquete como saludable y detox (= adelgaza), amén de las recomendaciones para depurar el cuerpo después de los excesos, porque, como dijo aquél, yo la teoría me la sé.  

Y luego estamos los nutricionistas, esa figura que cabalga entre confusos caminos, siempre lista para entregar la dieta detox, adelgazante y milagrosa, que definitivamente, te haga desprenderte del remordimiento y las inseguridades que nos infunde vía intravenosa la industria alimentaria, Instagram, la canija y el fuertecito de la tele. Pero la realidad me devuelve a mi cubículo profesional, donde con paciencia y muchas horas de trabajo entre el paciente y yo, vamos poco a poco esclareciendo la GRAN MENTIRA MILLONARIA que nos ha metido dentro de esta rueda de hámster. Y no estoy hablando únicamente de problemas de sobrepeso y obesidad, la insatisfacción con nuestra imagen corporal y la vinculación emocional con la comida en personas delgadas, ocupa también un lugar prioritario en este momento.

Aprender que lo que realmente necesitamos no es ponerse a dieta para adelgazar kilos de ansiedad e insatisfacción, sino detenernos a entender qué es lo que nos hace sentir bien y mejora nuestra salud (= vida), y trabajar para conseguirlo. Sí, esto es la nutrición, por mucho que el mundo fitness y ciertos influencers quieran trasladarnos otra cosa.

Démonos cuenta de una vez que empezar otra dieta milagro más forma parte del negocio, del que por cierto, tú no ganas nada, sino que puedes llegar a perderlo todo.

No planteo un proceso fácil ni rápido, eso es lo que nos llevan vendiendo décadas, y así nos va, cada día más enfermos física y mentalmente, pero si conseguimos llegar al final, es tremendamente satisfactorio, para ambos. Optar por el servicio más dificultoso y con resultados menos visibles a corto plazo, es la propuesta menos conmovedora que podría ofrecerle a una empresa que base sus ganancias en el comercio de la estética y la imagen. Por eso no me dedico a vender cápsulas y súper alimentos, sino a acompañar a las personas en un proceso que les ayude a llevar una relación más tranquila con la comida y con su cuerpo.

Hay muchas franquicias y grandes corporaciones de toda índole frotándose las manos con la época que viene ahora, muchas las personas vulnerables que pican en el anzuelo y un negocio mundial en torno a la FALACIA DE LA SALUD (saludable, sano, detox, fitness, zero…), que sólo se sostiene, económicamente hablando, si hay gente enferma, obesa o insatisfecha con su imagen, que siga necesitando del sistema.

 

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Algo debemos estar haciendo mal para que llevemos décadas a dieta y creamos que estamos comiendo sano, pero en las consultas médicas cada día haya más gente a las que se les dé pastillas que estabilicen sus glucemias y su sistema nervioso, a punto de colapsar.  

Mi consejo profesional (y personal) es que no deposites la esperanza de cambio en nadie, ni en el mejor y más mediático de los profesionales de este país. Piensa que el cambio vas a hacerlo tú, y para ello tienes que ser completamente consciente de las dificultades que todo ello implica, y estar convencido/a de que aquello que te vas a plantear es bueno para ti. No importa el momento del año, no tiene por qué ser ahora, ni porque el médico te haya dicho que tienes que perder ocho kilos o en la próxima revisión empezarás con la pastilla del colesterol. Lo que importa es que tú te lo creas, que estés convencido/a de que quieres mejorar tu salud y por tanto tu vida, y para ello, el momento debes elegirlo tú. Y cuando todo esté claro en tu mente, el camino será mucho más gratificante (y efectivo).

Me parece un buen ejercicio de reflexión para acercarnos con ternura y curiosidad a nosotros mismos, deteniéndonos a recapacitar ¿qué es lo que yo realmente quiero? Si sólo por un momento hiciésemos caso de esto, experimentaríamos una sensación de felicidad sincera, y probablemente, obtendríamos resultados distintos a los que acostumbramos a tener.

 

 

Pocas calorías no engordan, muchas calorías sí. Esta dualidad, por desgracia, sigue gobernando los pensamientos de muchísimas personas. A pesar del gran avance tecnológico y cultural, seguimos eternizando la misma historia desde hace años.

Pero tampoco me extraña, sólo hay que echar un vistazo a lo que se publica en Internet, para darte cuenta del deprimente panorama en el que nos encontramos. Esto es lo que encuentras si entras en la página web de Cola Cao, de esta manera, lo único que hacemos es confundir a la gente, haciéndoles ver que realmente, las calorías son más importantes que la calidad nutricional del alimento. 

Cola Cao

(Imagen extraída de la página web de Cola Cao)

 

Como continuación al post anterior sobre compra saludable Cómo sobrevivir en un supermercado, hoy quiero hablar de calorías, me parece un tema polémico con el que rellenamos conversaciones, defendiendo con ahínco todo tipo de argumentaciones en torno a la falacia de controlar calorías para adelgazar. Con esta imagen de esta marca de "cacao", consigo reunir todos los puntos a tratar: producto altamente procesado, no saciante, cero nutritivo (sí calorías vacías) y nada relacionado con el placer que supone la comida (la real). 

Normalmente, en mi batalla diaria, me encuentro entre estas tesituras:

  • ¿Qué fruta tomas? - Intento que sean piña y manzana. El plátano es una bomba de calorías, sólo lo como si tengo bajo el potasio (¿?)
  • ¿Te gusta el aguacate? – Sí, ¡pero eso engorda muchísimo! Pero no me lo pongas en la dieta porque así no voy a adelgazar en la vida.
  • Si le pongo quesito light al puré no pasa nada, ¿verdad?

Y no, no voy a echar la culpa a nadie. En el fondo creo que cargamos más con el papel de víctimas, que culpables, si es que tuviéramos que atribuir roles.

NO compramos de forma inteligente y tendemos a optar por las opciones más rápidas, fáciles y menos saludables. El problema se extiende también a los más pequeños, aquellos que escuchan y reproducen modelos en la edad adulta. Por dios, dejémonos ya de pensar que por ser niños, necesitan Cola Cao en la leche, galletas para merendar y toneladas de ketchup sobre la verdura porque “no hay manera de que les guste”.

Cuando tenemos un producto en nuestras manos, ¿miramos su etiqueta? Y si la miramos, ¿qué miramos? En el post anterior, explicaba cómo realizar una compra saludable e inteligente, y ahora voy a hacer especial hincapié en por qué CONTAR CALORÍAS ES UNA PÉRDIDA DE TIEMPO.

 Empecemos por el principio, ¿qué es un alimento procesado?

Hablamos de un alimento altamente procesado, cuando una materia prima de origen ha sido manipulada en la industria, añadiéndosele ingredientes tales como azúcares, harinas y aceites refinados, además de otros aditivos, para conseguir un producto final, habitualmente alejado de las características nutricionales y organolépticas del alimento de origen.  

 

  • Pocas calorías no implica poco azúcar o poca grasa hidrogenada.

O dicho de otra manera, pocas calorías no significa que engorde menos, o adelgace. Un alimento light no es la salvación, según la legislación, es un alimento al que se le ha reducido, como mínimo, el 30% el contenido de alguno de sus nutrientes (azúcares, grasas, sal o calorías). Así, tenemos el claro ejemplo del queso yogur

Pan thins y pan integral 640x360

 

  • No todas las calorías producen la misma saciedad ni se asimilan de la misma forma en el organismo.

Los alimentos con mayor contenido en agua, proteína y fibra, son los que mayor volumen ocupan en nuestro estómago y mayor saciedad otorgan. ¿Ejemplo? Legumbres, frutos secos y semillas (además de frutas y verduras, por su contenido en agua y fibra)

Si nuestra alimentación se basa en productos muy procesados que contienen poca fibra, menor será el esfuerzo que tendrá que hacer el organismo para metabolizarlo y asimilar sus calorías; y por tanto, más rápido será su almacenamiento en el tejido adiposo. 

Un plátano y una barrita de cereales light tienen las mismas calorías, pero el efecto saciante del primero es mucho mayor. Las galletas producirán un aumento rápido de la glucosa en sangre, para finalmente caer a la misma velocidad, y por tanto, volver a generar necesidad de comer. El plátano aporta fibra además de azúcar natural, lo que amortiguará el aumento de glucosa en sangre. Y por supuesto, nos aporta vitaminas y minerales antioxidantes.

Barritas 640x480

  • El aporte de otros nutrientes (de forma natural) va más allá de las calorías.

Y debe ser un argumento decisivo que nos lleve a decantarnos por un alimento u otro. Por ejemplo, añadir taquitos de pavo bajo en grasa a la ensalada, no podrá equipararse a las grasas insaturadas, potasio y fibra que aportan unos taquitos de aguacate; al igual que tomar un buen puñado de omega 3, fibra y proteínas vegetales en forma de nueces para merendar, no se le parece ni de lejos a unas tortitas de arroz hasta arriba de sal, por pocas calorías que tengan y por Friendly vegan que te ponga en su etiqueta. En ambos casos, el aguacate y las nueces aportan un porcentaje de grasa cardiosaludable muy significativo, cuyos beneficios en la prevención de enfermedades cardiometabólicas está sobradamente justificado; frente al embutido de pavo bajo en grasa y las tortitas de arroz, que destacan principalmente por el aporte de sodio.

Pavo

  • Ciertos alimentos generan gran satisfacción y sensaciones positivas en una comida

Independientemente de las calorías que aporte, hay que tener en cuenta el placer que sentimos cuando comemos. Incorporar algunos alimentos naturales como el aguacate, frutos secos, dátiles, etc. evita la sensación de “castigo” o “privación”, previniendo conductas de desequilibrio emocional frente a la comida, en patrones alimentarios que tienden a restringir este tipo de alimentos durante determinado espacio de tiempo. Cuando la fuerza de voluntad cae, aparecen conductas relacionadas con el atracón y la compulsión, con la consiguiente culpabilidad.

 

CONCLUSIONES 

No cuentes calorías, lee la lista de ingredientes.

Evita los azúcares añadidos, grasas trans, hidrogenadas y exceso de sal.

El aporte de otros nutrientes esenciales para nuestra salud es prioritario al poder calórico de un alimento.  

La saciedad y el placer que genera un alimento son dos sensaciones fisiológicas necesarias, que van más allá de las calorías.

 

No somos un peso, ni el resultado de lo que comemos menos lo que gastamos, somos un entramado mucho más complejo que debemos mimar y cuidar, si queremos realmente estar ahí para contarlo.

 

 

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