Este fin de semana fui al estreno de la última peli de Isabel Coixet (Tres adioses, 2026) y necesitaba escribir sobre lo que sentí durante esas dos horas de belleza cinematográfica.
Pienso que más allá de una historia sobre crisis vital, se nos presenta ante la gran pantalla un mapa clínico visual sobre cómo la conciencia de finitud actúa de catalizador capaz de derribar una armadura de restricción y autocensura.
En el abordaje de la conducta alimentaria, a menudo nos enfrentamos a una barrera invisible: la desconexión total entre la identidad y el deseo. Esto implica que, lo que la persona desea, no coincide con la imagen que tiene de sí misma, o con lo que cree que debería desear.
El deseo corporal se vive como una amenaza a la identidad, no como una señal legítima.
Se produce una alienación del cuerpo: el cuerpo siente, pero la persona no se permite escuchar.
PUNTOS CLAVE:
Una joya para entender la nutrición desde la parte más real y humana, y no desde la pauta teórica nutricionalmente adecuada.
El desenlace, simbolizado en un plato de radiatori con rúcula y limón, representa la salida: la capacidad de integrar la comida desde el placer y no desde la culpa o la impulsividad. Y es de esta manera como puede autorregular su ingesta, sin necesitar el atracón o la comida hiperpalatable.
Esta es la vía de trabajo: entender qué es el placer y cómo relacionarse con él, despierta la curiosidad y la motivación para aprender, cocinar y avanzar hacia un equilibrio más sano, sin polarizar la alimentación entre lo saludable o lo placentero.
Una película imprescindible para entender que sanar la relación con la comida es, ante todo, recuperar la capacidad de sentir.

Al inicio de la cinta, se nos presenta a la protagonista (Marta) con señales de restricción cognitiva. No hablamos de diagnóstico, sino de una conducta alimentaria alterada donde la comida dejó de ser disfrute.
Marta se mueve a través de la desorganización alimentaria, la falta de armonía y de atención hacia la comida (no cocinar, no pararse a comer, no permitirse) para gestionar la incertidumbre existencial, privándose del contacto con el deseo.
Aparece como refugio… hasta que deja de servir.
La directora retrata con precisión el gesto de quitar el rebozado, una metáfora de la inhibición del deseo que sufren tantas personas (sobre todo mujeres): el miedo a que, si se permiten placer, perderán el control sobre el resto de su estructura vital.
Isabel Coixet ha señalado en diversas entrevistas que Tres adioses busca denunciar cómo la sociedad ha educado a las mujeres en la privación como forma de elegancia.
Romper con la imagen de la mujer que se contiene representa la liberación del juicio externo. Es el momento en que la protagonista deja de quitar el rebozado a la croqueta (suppli) para entregarse a un hambre real y desesperada.
La película ilustra cómo la sociedad ha performado la feminidad a través de la inhibición del deseo. Para las mujeres, la restricción no es solo una estrategia de peso, sino una respuesta a una narrativa cultural que exige ser pequeña y contenida.
La insatisfacción corporal actúa como una interferencia constante: el ruido del juicio externo anula las señales de placer internas.
A través del libro Enseñanza de la alimentación (Ludwin Feuerbach, 1850), la película lanza un dardo a esa máxima que Feuerbach plantea en su obra: "Somos lo que comemos", y que en realidad fue malinterpretada.
Coixet propone que no somos nuestra ingesta, somos nuestra biografía, lo que recordamos, lo que deseamos, lo que nos atrevemos a experimentar y lo que no…
Reducir a una persona a la composición nutricional de su dieta es otra forma de estigmatización. Esta mirada se conecta con la obra que inspira la peli, "Tre ciotole. Rituali per un anno di crisi" de Michela Murgia, quien defendió tras su diagnóstico de cáncer que la única regla válida es la búsqueda del placer sin disculpas.
Pensémoslo: Si el valor de una persona no depende de la perfección/adecuación de su dieta, la culpa pierde su poder.

La escena del atracón de salchichas y ketchup es un punto de inflexión. Lejos de ser una pérdida de control, es una respuesta neurobiológica de defensa. Cuando Marta recibe noticias sobre su salud, el sistema de control colapsa y surge una hiperfagia reactiva. Desde la psicología, esto se entiende como un intento de autorregulación emocional ante un trauma. El grito de un sistema que ya no puede más.
No es solo hambre, es una catarsis violenta contra años de restricciones. Es el momento en que se permite ser imperfecta y descontrolada por primera vez.
El cierre de la película representa la transición hacia una comunicación interoceptiva sana. Eso es, la capacidad de percibir, interpretar e integrar correctamente las señales que provienen del interior del cuerpo (como el ritmo cardíaco, el hambre, la respiración o la tensión muscular).
La preparación de los radiatori con rúcula y limón simboliza el fin de la censura. Marta ya no quita el rebozado, ahora elige ingredientes que aportan sabor, aceptando la amargura (rúcula) y la frescura (limón) como partes de la vida.
Cocinar y comer esta pasta al final de la cinta sugiere que la protagonista ha encontrado una nueva forma de habitar el mundo: este plato representa la sencillez y la alegría de vivir que recupera al final de su viaje.
Como señala la crítica de Fotogramas, la cámara se pega a la protagonista para captar cómo "el placer culinario se traduce en una nueva forma de caminar y de mirar".
El cuerpo de Marta se muestra real, con sus marcas y su cansancio, alejándose de la perfección cinematográfica para abrazar una belleza de la imperfección que resuena con el mensaje de la película.
Conclusión para nutricionistas y profesionales de la salud:
Tres adioses nos recuerda que nuestra labor como nutris (y más quienes nos dedicamos a las alteraciones de la conducta alimentaria) va infinitamente más allá de pautar menús. Va de ayudar a las personas a habitar su cuerpo sin castigarse con la comida, y conseguir caminar hacia adelante. A reaprender a reconocer el deseo (hambre, placer, necesidad...) como algo propio y legítimo.
La historia de Marta nos enseña que el bienestar no es la ausencia de patología, sino, entre otras cosas, la recuperación del derecho al placer.
Especialmente en las mujeres, sanar la relación con la comida es un acto de justicia hacia una misma.
Preguntas para reflexionar:
Bibliografía de Consulta:
El aumento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en nuestra sociedad es una realidad alarmante que requiere una respuesta profesional capacitada y actualizada. La complejidad de estos trastornos exige una formación específica para abordarlos con eficacia y sensibilidad.
Por ello, Norte Salud ha creado un ciclo de 3 cursos magistrales donde 3 profesionales nos sentaremos a compartir conocimientos clave en la evaluación, tratamiento e intervención en TCA.
En mi caso, yo impartiré el primero de ellos, el 25 de abril de 2025:
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La relación entre los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y las patologías digestivas es compleja y bidireccional. Estudios recientes muestran cómo los trastornos funcionales digestivos, como el síndrome del intestino irritable o la enfermedad celíaca, pueden coexistir o estar vinculados con problemas alimentarios, impactando gravemente la salud y el bienestar de los pacientes.
A menudo, las restricciones dietéticas para tratar síntomas digestivos empeoran la relación del paciente con la comida, generando o perpetuando conductas alimentarias disfuncionales.
Por otro lado, muchos pacientes que padecen TCA presentan síntomas digestivos que pueden no ser abordados adecuadamente. Estos síntomas gastrointestinales no solo complican el diagnóstico, sino que también aumentan la angustia de los pacientes, creando un círculo vicioso que es difícil de romper sin un enfoque multidisciplinar.
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Comprenderás la compleja interacción entre los trastornos alimentarios y las patologías digestivas, integrando factores clave como el eje intestino-cerebro, la inmunología, la teoría anticipatoria interoceptiva y la genética.
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Evaluarás de manera integral a los pacientes, teniendo en cuenta cómo los trastornos digestivos y los trastornos alimentarios pueden influirse mutuamente, evitando enfoques fragmentados.
Reconocerás los síntomas gastrointestinales que podrían estar enmascarando o exacerbando un trastorno alimentario, y aplicar estrategias para distinguir entre un problema digestivo primario y uno secundario a un TCA.
Desarrollarás un plan de intervención personalizado que combine la mejora de los síntomas digestivos con un enfoque nutricional que no genere o perpetúe conductas alimentarias restrictivas.
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Termina una semana a una intensidad inesperada, académica y humana. Aún siguen pululando en mi mente imágenes, frases, personas que me han generado reflexiones, preguntas y me han ayudado a seguir cuestionándome mi trabajo, en el Congreso de la AEETCA (Asociación Española para el estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria) y del capítulo Hispano-Latinoamericano de la Academy for Eating Disorders.
Caminaba la última noche por Madrid, una ciudad en la que viví muchos años, y que sigue suponiéndome un revulsivo reecontrarme con ella. Nadie en la calle a esas horas, el olor a tierra mojada después de la lluvia invitaba a reflexionar. Necesitaba y sigo necesitando aún un poco de tiempo para poder ubicar todo esto.
Vuelvo de Madrid sintiendo fuertemente que nuestra profesión tiene sentido, un sentido profundo.
Que la Nutrición y la Psicología son indesligables, y que la relación con la comida y con el cuerpo no puede relegarse al tratamiento del síntoma, una vez manifestado. Que hay que ir mucho más allá.
Que como dice la psiquiatra en esta obra de arte de documental, Petricor, dirigida por Victoria Morell, «la primera relación que establecemos en nuestra vida, es con la comida».
Estos días, he tenido la oportunidad de reflexionar y aprender a través de mujeres extraordinarias desde su experiencia clínica, investigadora y humana, y cómo no, desde la motivación que nos une a todas en lo concerniente a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Y me gustaría agradecéroslo. Admiro vuestra labor, todo lo que aportáis y la humildad con la que lo lleváis a cabo. Y esta calma brota porque generáis motivos para seguir creyendo que este trabajo, como dice Remedios Zafra, es un trabajo con sentido (El informe. 2024. Ed. Anagrama).

A muchas os he podido conocer personalmente por fin, a otras, continuar haciéndolo, y he de confesar, que a unas cuantas no me acerqué a presentarme a pesar de cuántas cosas me hubiera gustado decirles, por esa inseguridad que me asalta al aterrizar en estos contextos, qué sé yo.. pero probaré a hacerlo en la próxima ocasión.
Así que, queridas compañeras, GRACIAS. También por todos los cafés compartidos que siempre resultan pocos, las risas, las dudas compartidas sobre si estaremos haciéndolo bien que siempre fortalecen y nos permiten avanzar, y cómo no, por esa cena maravillosa decimonónica con zapatillas.

Me pregunto por qué en este evento científico de tal envergadura no ha habido participación de Nutricionistas como ponentes, a excepción de uno de los talleres y una intervención sobre Diabetes, si no me equivoco. Esto daría sentido precisamente a la dualidad de la que hablamos, comer-sentir. Y estoy segura de que somos muchas más las que lo pensamos. ¿Quizás la próxima edición?
Y a su vez, se hace imprescindible que nuestro colectivo siga reforzando aun más el cambio que ya se ha producido, y del que no hay vuelta atrás, con respecto a nuestra intervención. El estigma de peso, la gordofobia (sanitaria, social, interna…), la violencia estética estructural y la patologización del cuerpo según parámetros obsoletos son las herramientas que de manera intrínseca han estado asociadas a nuestra profesión, ya desde la formación universitaria.
Es nuestra obligación ética, y no solamente profesional, pararnos a reflexionar qué estamos haciendo y de qué manera nuestra intervención es clave para que un trastorno de la conducta alimentaria se desencadene, o sea prevenido.
Independientemente de si la especialización es o no en TCA, la nutrición está ligada al cuerpo y a su relación con él, y por ende, cualquiera de los tratamientos que planteemos, tendrán un impacto físico y psicológico. Y debemos hacernos cargo. En este sentido, nos debemos una profunda revisión personal, psicológica, antes de lanzarnos al vacío.
La ética, la sociología, filosofía, la antropología… nos ayudan a entender el comportamiento humano y por qué nos hacemos tanto daño, hasta llegar a acabar con nuestras vidas, en los casos más graves de TCA.
El estudio de género se presenta como pieza clave para explicar muchas de las asociaciones de insatisfacción corporal, sufrimiento y alteraciones en la relación con la comida.
Escribía hace algunos meses aquí una recopilación de algunos textos e intervenciones de mujeres que admiro y de las que aprendo continuamente, sobre la perpetuación del rechazo corporal y cómo ello impacta en nuestras acciones

En su informe 136: Mujeres jóvenes y trastornos de la conducta alimentaria. Impacto de los roles y estereotipos de género (2024 Instituto de las Mujeres), la psicóloga María Calado realiza un profundo análisis que debe ser leído con atención, ya no solamente por nosotras, que estamos arremangadas en el fango, sino extrapolarlo a toda la sociedad en su conjunto, que es en definitiva, la que carga con ello:
El culto a la belleza y el control del cuerpo de las mujeres responde a criterios mercantilistas más que a modelos de salud y bienestar. De hecho, las multimillonarias industrias (farmacéuticas, alimentarias, cosméticas, moda, pornografía y prostitución), se alimentan del mito de la belleza, delgadez y juventud: del rol de la mujer como objeto. Dicho contexto genera las condiciones para que esté presente una baja autoestima e insatisfacción corporal en las mujeres, lo que genera la condición necesaria para que sitúen la obtención de estos ideales corporales en el centro de sus vidas (…)
Dice la psicóloga Laura Hernangómez, en su ponencia sobre Imagen Corporal durante el Congreso, que el «cuidado es también fiereza».
«Conectar con nuestro enfado y orientarlo hacia donde realmente se necesita orientar, lo que nos daña: cambiar la sociedad, no nuestros cuerpos. Como profesionales, es recomendable, posiblemente necesario y seguramente ético, que nos posicionemos muy claramente en este sentido».
Estas profesiones no son posibles si olvidamos que estamos trabajando con personas, personas además que cargan con una trayectoria de sufrimiento, y requieren ser escuchadas.

Recojo todo, y ahora, continúo macerando y transformando lo aprendido.
No dejemos de confiar en que esta profesión seguirá buscando su lugar en el corazón de la sanidad pública, para poder llegar a toda la población y no sólo a unos pocos, y poder evitar, al menos en parte, algo de sufrimiento.
Tengo el enorme placer de presentaros el curso que impartiré para el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Navarra CODINNA-NADNEO, que desde la Comisión de Formación del Colegio me han propuesto.
Hay mucho de qué hablar y mi objetivo es que podamos debatir, intercambiar y reflexionar entre todas las profesionales. Un curso especialmente enfocado a nuestra responsabilidad como clínicas, ampliando la mirada y atendiendo al riesgo potencial de bidireccionalidad Obesidad-TCA, en un contexto de #gordofobia sanitaria y social
Curso: Trastornos alimentarios y Obesidad. Ampliando la mirada clínica en consulta.
ORGANIZA: Comisión de formación del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Navarra
IMPARTE: Estrella Rubio Romero. Dietista-Nutricionista y Maestra
CUÁNDO : Sábado 27 de enero de 2024, de 8:30h a 14:30h
DÓNDE : Civivox Iturrama C/ Esquiroz nº24, 31007 PAMPLONA.
PARA QUIÉN: Dietistas-Nutricionistas colegiados del Colegio Oficial de Navarra CODINNA-NADNEO, colegiadas de otros Colegios profesionales. miembros de la Academia española de Nutrición y cualquier Dietistas-Nutricionista no perteneciente a estas entidades.
Para más información e inscripción, puedes hacerlo aquí