¿Qué puede hacer el teatro cuando una historia duele demasiado como para contarla?
Hay obras que nos obligan a revisar aquello que creíamos comprender. Contra Ana, escrita por Alma García y dirigida por Paco Montes, parte de la experiencia de la propia autora con la anorexia nerviosa y del año que pasó ingresada en una clínica de Barcelona. A través de esta historia, esta obra teatral trasciende la enfermedad para hablar de identidad, sufrimiento, libertad y responsabilidad social.
Como nutricionista, llevo años trabajando con personas que sufren trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Si algo he aprendido es que la comida y la relación que establecemos con ella no bastan para explicar lo que está ocurriendo.
El iceberg: todo lo que no vemos
Cuando hablamos de anorexia, solemos focalizarnos en la alimentación, el peso o la imagen corporal. Son los aspectos más visibles, aquellos que la sociedad identifica con mayor facilidad. Pero existe una realidad mucho más compleja bajo la superficie.
El miedo al rechazo, la dificultad para aceptarse, la búsqueda de afecto y reconocimiento, el sufrimiento emocional o la construcción de la propia identidad pueden formar parte de esa realidad invisible. No todos los TCA tienen el mismo origen ni responden a los mismos mecanismos, pero comprenderlos exige escuchar la historia de cada persona, sin reducirla a sus síntomas.
El control sobre la comida y el cuerpo puede convertirse en una forma de gestionar un malestar que no encuentra otras vías de expresión. Lo que inicialmente puede proporcionar una sensación de control o seguridad termina, en muchos casos, restringiendo la vida.
Pero necesitamos mirar más allá de la conducta alimentaria y preguntarnos qué está ocurriendo en la vida de esa persona.
NO enfermamos al margen de la sociedad
Una de las cuestiones más interesantes de Contra Ana es su capacidad para trascender lo individual y poner el foco como denuncia en el contexto social
Habitamos una sociedad que habla cada vez más de salud mental mientras continúa premiando determinados cuerpos y asociando la delgadez con el éxito, la disciplina o la valía personal. Se nos invita a aceptarnos, pero simultáneamente recibimos mensajes que nos animan a corregir nuestro aspecto y a desconfiar de nuestro cuerpo.
La presión estética no explica por sí sola el desarrollo de un TCA, pero forma parte del contexto en el que construimos nuestra relación con la comida y con nosotras mismas. El estigma del peso, los comentarios sobre la apariencia y la idealización del control alimentario contribuyen a perpetuar una cultura en la que el cuerpo se convierte, con demasiada frecuencia, en una medida de nuestro valor.
No podemos pedir a las personas que se reconcilien con su cuerpo mientras seguimos construyendo una sociedad que les enseña a desconfiar de él.
La obra nos interpela precisamente ahí: ¿qué responsabilidad tenemos en aquello que normalizamos, en los ideales que reproducimos y en nuestra manera de comprender el sufrimiento ajeno?
¿Qué significa acompañar desde la salud?
Esta reflexión también atraviesa mi trabajo en consulta. En el abordaje de los TCA necesitamos atender la salud física, las necesidades nutricionales y la recuperación de una relación más flexible y segura con la comida. Pero no podemos convertirla comida en el único escenario de intervención.
La recuperación es un proceso complejo que requiere atención especializada, coordinación entre profesionales y una escucha que no reduzca a la persona a un diagnóstico, un peso o unos objetivos alimentarios. La recuperación nutricional es fundamental, pero no siempre implica que hayan desaparecido el sufrimiento psicológico, el miedo o la rigidez que acompañan a la enfermedad.
Todavía hoy, el abordaje de los TCA en muchos entornos sanitarios continúa muy condicionado por indicadores clínicos como el peso, el índice de masa corporal (IMC) y los parámetros bioquímicos para evaluar el proceso.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando estos indicadores ocupan el centro de la evolución terapéutica y determinan, en gran medida, el alta? ¿Hasta qué punto seguimos confundiendo la estabilización física con la recuperación global?
Estas preguntas deberían llevarnos a revisar nuestras propias prácticas: cómo hablamos del peso en consulta, qué mensajes transmitimos sobre la salud y cuánto espacio dejamos para escuchar aquello que no aparece en una analítica o en una historia dietética. Y la reflexión es aún más urgente cuando persisten prácticas asistenciales basadas en la contención física o en el uso de castigos y correcciones como herramientas terapéuticas.
La seguridad clínica es imprescindible, pero no puede desligarse del respeto a los derechos, la autonomía y la dignidad de la persona. Necesitamos revisar los modelos asistenciales y avanzar hacia protocolos basados en la evidencia, la ética y una atención verdaderamente centrada en la persona.
Acompañar desde nuestra consulta implica ayudar a recuperar autonomía, flexibilidad y mayor libertad con la comida y con el cuerpo, sin convertir el peso ni el cambio corporal en la medida del progreso terapéutico.
El teatro como espacio de transformación
Quizá una de las grandes virtudes del teatro sea permitirnos acercarnos a experiencias que, de otro modo, mantendríamos a distancia. Nos sitúa frente a historias concretas y nos invita a mirar aquello que no siempre sabemos nombrar.
Necesitamos investigación, conocimiento clínico y tratamientos adecuados, pero también relatos que nos permitan entender cómo se vive una enfermedad y qué transforma en la vida de quien la padece. La cultura puede ayudarnos a cuestionar estereotipos, ampliar nuestra sensibilidad y reconocer aquello que hemos aprendido a normalizar.
Por eso considero Contra Ana una obra necesaria. Porque nos ayuda a mirar más allá de los síntomas y a preguntarnos qué responsabilidad tenemos como sociedad en la forma en que entendemos, prevenimos y acompañamos esta realidad.
Los TCA no son únicamente un problema con la comida. Son realidades muy complejas que atraviesan el cuerpo, la salud mental, los vínculos y la forma en que habitamos el mundo. Comprenderlos exige una mirada clínica rigurosa, una atención humana y una sociedad dispuesta a cuestionarse.
A veces necesitamos que alguien suba a un escenario, nos coloque frente a una historia que duele y nos recuerde que mirar hacia otro lado también tiene consecuencias.
Ficha artística

Con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBIQA+, la Academia Española de Nutrición y Dietética organizó un webinar dirigido a profesionales de la salud el pasado 23 de junio. Este seminario online abordó los principales retos y necesidades de la comunidad LGTBIQA+ en el ámbito de los trastornos de la conducta alimentaria y la diversidad corporal, promoviendo una intervención libre de estigma y centrada en la persona.
Panelistas:
Ya tienes disponible ambas ponencias en el Canal Youtube de la Academia:
https://www.youtube.com/watch?v=NOnS_CgT3p4
Termina una semana a una intensidad inesperada, académica y humana. Aún siguen pululando en mi mente imágenes, frases, personas que me han generado reflexiones, preguntas y me han ayudado a seguir cuestionándome mi trabajo, en el Congreso de la AEETCA (Asociación Española para el estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria) y del capítulo Hispano-Latinoamericano de la Academy for Eating Disorders.
Caminaba la última noche por Madrid, una ciudad en la que viví muchos años, y que sigue suponiéndome un revulsivo reecontrarme con ella. Nadie en la calle a esas horas, el olor a tierra mojada después de la lluvia invitaba a reflexionar. Necesitaba y sigo necesitando aún un poco de tiempo para poder ubicar todo esto.
Vuelvo de Madrid sintiendo fuertemente que nuestra profesión tiene sentido, un sentido profundo.
Que la Nutrición y la Psicología son indesligables, y que la relación con la comida y con el cuerpo no puede relegarse al tratamiento del síntoma, una vez manifestado. Que hay que ir mucho más allá.
Que como dice la psiquiatra en esta obra de arte de documental, Petricor, dirigida por Victoria Morell, «la primera relación que establecemos en nuestra vida, es con la comida».
Estos días, he tenido la oportunidad de reflexionar y aprender a través de mujeres extraordinarias desde su experiencia clínica, investigadora y humana, y cómo no, desde la motivación que nos une a todas en lo concerniente a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Y me gustaría agradecéroslo. Admiro vuestra labor, todo lo que aportáis y la humildad con la que lo lleváis a cabo. Y esta calma brota porque generáis motivos para seguir creyendo que este trabajo, como dice Remedios Zafra, es un trabajo con sentido (El informe. 2024. Ed. Anagrama).

A muchas os he podido conocer personalmente por fin, a otras, continuar haciéndolo, y he de confesar, que a unas cuantas no me acerqué a presentarme a pesar de cuántas cosas me hubiera gustado decirles, por esa inseguridad que me asalta al aterrizar en estos contextos, qué sé yo.. pero probaré a hacerlo en la próxima ocasión.
Así que, queridas compañeras, GRACIAS. También por todos los cafés compartidos que siempre resultan pocos, las risas, las dudas compartidas sobre si estaremos haciéndolo bien que siempre fortalecen y nos permiten avanzar, y cómo no, por esa cena maravillosa decimonónica con zapatillas.

Me pregunto por qué en este evento científico de tal envergadura no ha habido participación de Nutricionistas como ponentes, a excepción de uno de los talleres y una intervención sobre Diabetes, si no me equivoco. Esto daría sentido precisamente a la dualidad de la que hablamos, comer-sentir. Y estoy segura de que somos muchas más las que lo pensamos. ¿Quizás la próxima edición?
Y a su vez, se hace imprescindible que nuestro colectivo siga reforzando aun más el cambio que ya se ha producido, y del que no hay vuelta atrás, con respecto a nuestra intervención. El estigma de peso, la gordofobia (sanitaria, social, interna…), la violencia estética estructural y la patologización del cuerpo según parámetros obsoletos son las herramientas que de manera intrínseca han estado asociadas a nuestra profesión, ya desde la formación universitaria.
Es nuestra obligación ética, y no solamente profesional, pararnos a reflexionar qué estamos haciendo y de qué manera nuestra intervención es clave para que un trastorno de la conducta alimentaria se desencadene, o sea prevenido.
Independientemente de si la especialización es o no en TCA, la nutrición está ligada al cuerpo y a su relación con él, y por ende, cualquiera de los tratamientos que planteemos, tendrán un impacto físico y psicológico. Y debemos hacernos cargo. En este sentido, nos debemos una profunda revisión personal, psicológica, antes de lanzarnos al vacío.
La ética, la sociología, filosofía, la antropología… nos ayudan a entender el comportamiento humano y por qué nos hacemos tanto daño, hasta llegar a acabar con nuestras vidas, en los casos más graves de TCA.
El estudio de género se presenta como pieza clave para explicar muchas de las asociaciones de insatisfacción corporal, sufrimiento y alteraciones en la relación con la comida.
Escribía hace algunos meses aquí una recopilación de algunos textos e intervenciones de mujeres que admiro y de las que aprendo continuamente, sobre la perpetuación del rechazo corporal y cómo ello impacta en nuestras acciones

En su informe 136: Mujeres jóvenes y trastornos de la conducta alimentaria. Impacto de los roles y estereotipos de género (2024 Instituto de las Mujeres), la psicóloga María Calado realiza un profundo análisis que debe ser leído con atención, ya no solamente por nosotras, que estamos arremangadas en el fango, sino extrapolarlo a toda la sociedad en su conjunto, que es en definitiva, la que carga con ello:
El culto a la belleza y el control del cuerpo de las mujeres responde a criterios mercantilistas más que a modelos de salud y bienestar. De hecho, las multimillonarias industrias (farmacéuticas, alimentarias, cosméticas, moda, pornografía y prostitución), se alimentan del mito de la belleza, delgadez y juventud: del rol de la mujer como objeto. Dicho contexto genera las condiciones para que esté presente una baja autoestima e insatisfacción corporal en las mujeres, lo que genera la condición necesaria para que sitúen la obtención de estos ideales corporales en el centro de sus vidas (…)
Dice la psicóloga Laura Hernangómez, en su ponencia sobre Imagen Corporal durante el Congreso, que el «cuidado es también fiereza».
«Conectar con nuestro enfado y orientarlo hacia donde realmente se necesita orientar, lo que nos daña: cambiar la sociedad, no nuestros cuerpos. Como profesionales, es recomendable, posiblemente necesario y seguramente ético, que nos posicionemos muy claramente en este sentido».
Estas profesiones no son posibles si olvidamos que estamos trabajando con personas, personas además que cargan con una trayectoria de sufrimiento, y requieren ser escuchadas.

Recojo todo, y ahora, continúo macerando y transformando lo aprendido.
No dejemos de confiar en que esta profesión seguirá buscando su lugar en el corazón de la sanidad pública, para poder llegar a toda la población y no sólo a unos pocos, y poder evitar, al menos en parte, algo de sufrimiento.
Con este curso queremos trasladar a las Dietistas-Nutricionistas las últimas evidencias sobre el abordaje clínico de la obesidad desde un enfoque inclusivo y no pesocentrista, que recoja la heterogeneidad que supone la obesidad.
Es para ti si...
Equipo docente:
Destinado a diplomados/graduados/licenciados en Nutrición Humana y Dietética de España, Portugal y América Latina. Estudiantes del último año de las carreras mencionadas, Técnicos Superiores en Dietética y Nutrición y profesionales de la salud relacionados con la materia.
PROGRAMA ACADÉMICO
Módulo 1: Aspectos psicológicos inherentes a la obesidad y su tratamiento. Natalia Maglione
Módulo 2: Fisiología para entender (y tratar) el cuerpo. Estrella Rubio Romero y Luis Berlanga.
Módulo 3: Nutrición desde una mirada más amplia. Estrella Rubio Romero.
Módulo 4: Apuntes de Medicina. Desmontando la hipótesis clásica. África Villarroel Bajo
Módulo 5: Abordaje nutricional de la obesidad basado en la evidencia. Estrella Rubio Romero.
Módulo 6: Ejercicio físico en la prevención y el tratamiento de la obesidad. Luis Berlanga
DIRECCIÓN ACADÉMICA: Natalia Maglione y Estrella Rubio Romero
MÁS INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES: