Recientemente he escrito para ADILAC, la Asociación de Intolerantes a la lactosa de España, una artículo sobre microbiota y estilo de vida.
La intención de este texto no es otra que la de transmitir algunos puntos clave entre tanta complejidad, situando el foco en el estilo de vida actual, el cansancio físico y mental como síntomas y motivos de consulta mayoritarios, y la inflamación crónica de bajo grado como elemento común.
Para ello, describo un perfil habitual de paciente que acude a consulta de nutrición, sobre todo a aquellas especializadas en aparato digestivo:
MUJER que presenta la clínica siguiente: prominente distensión abdominal, meteorismo y flatulencias, diarrea y/o estreñimiento, con o sin diagnóstico médico, y generalmente de largo curso de evolución. Acumula un histórico de dietas o modificaciones dietéticas (bajas en FODMAPs, sin gluten, antiinflamatoria, ayuno intermitente, etc.) y un sinfín de suplementos que buscan como objetivo paliar la sintomatología física. En numerosas ocasiones, indirectamente la paciente busca además modificar el peso corporal, debido a una alta insatisfacción con su cuerpo.
El elemento en común de estas mujeres es el cansancio y malestar que no hacen sino agravar y perpetuar la situación clínica, los cambios de peso y una relación de sufrimiento con la comida y con el cuerpo.
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Comprender la relación triangular entre dieta, microbiota intestinal e inflamación es crucial para desarrollar estrategias efectivas en la consulta de nutrición especializada en aparato digestivo, y en definitiva, para poder ayudar a mejorar la salud física y mental de nuestras pacientes.
Una de las patologías subyacentes más habituales con las que me encuentro en la consulta es el estreñimiento, acompañado de hinchazón abdominal, gases y el pertinente malestar que conlleva. No suele acudir ningún paciente inicialmente por ese motivo, pero tras indagar en su historia clínica, me topo de bruces con esta patología. Después de mucho curiosear en su vida, suele haber otro común denominador que coincide: el estreñimiento no es un mal caído del cielo que un día entró en el cuerpo de esa persona para amargarle la vida, sino un cúmulo de hábitos alimentarios e ingesta de agua deficientes, poca dedicación horaria y constancia en el hábito de ir al baño. 
Esto, de hecho, sigue siendo un tema que me preocupa aun más que la ingesta de fibra: nuestro colon debe educarse en ir al baño todos los días a la misma hora aproximadamente, en un clima de tranquilidad, y a ser posible, después de desayunar, que es cuando el reflejo gastrocólico está más activo. Y ustedes dirán, "imposible, me levanto con la hora justa para no llegar tarde al trabajo y no me da tiempo más que a beberme un café rápido y salir". ¡Pues levántante antes! Tómate el tiempo para desayunar y dejar unos minutos para que tu colon empiece a trabajar.
Lo primero, ¿qué entendemos por estreñimiento? Una frecuencia de defecación menor de tres veces a la semana, heces muy duras, molestias excesivas al defecar o sensación de vaciamiento incompleto, a pesar de que un amplio margen de hábitos intestinales son considerados normales.
Según la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) el perfil del paciente estreñido es:
¿Ven lo que es digo? Hasta aquí todo coincide…
Vayamos ahora a las dietas ricas en fibra. El criterio para mantener una dieta equilibrada y prevenir el estreñimiento es consumir entre 25 y 30 gramos de fibra al día. ¡Pero siempre! Es decir, no basta con comer más legumbres esta semana porque me lo ha dicho la nutricionista, sino instaurar en tu vida estos nuevos hábitos, y de ahí, reeducar al colon para que sea bueno y cada mañana te premie con una placentera sensación de llamada. Ya saben a qué me refiero.
La fibra no solo beneficia al estreñimiento, sino que colaboran en la prevención de muchas enfermedades relacionadas con el colon, ayuda a excretar colesterol fuera del organismo, regular el azúcar en sangre y produce saciedad. Por tanto, se relaciona con la prevención y tratamiento de la hipercolesterolemia, diabetes, obesidad y enfermedad cardiovascular.
Pues pongámonos manos a la obra entonces. Aumenta progresivamente la cantidad de fibra de tu dieta con una alimentación rica en:


Reducir el contenido habitual de: Membrillo, plátano, manzana, arroz blanco, zanahoria, té, chocolate.
Se ha de tener en cuenta que la introducción de fibra en la alimentación debe realizarse siempre de forma progresiva, en función de la dieta anterior al tratamiento de cada persona. De lo contrario, aparecen molestias digestivas (calambres abdominales, flatulencia, diarreas). Por eso, es muy importante acudir a la consulta de un Dietista-Nutricionista para que analice tu alimentación, y te ayude a optimizarla. Y por favor, déjate de dietas fotocopiadas y hojas de recomendaciones archifotocopiadas. Hazlo por tu salud.
Como curiosidad sobre las semillas de lino: son usadas como tratamiento alternativo a los medicamentos para mejorar el estreñimiento y los síntomas asociados, no obstante, no hay evidencia científica sobre el momento idóneo para tomarlas y que su efecto resulte más efectivo, en qué cantidad, o si existen circunstancias en las que su consumo esté contraindicado.
EN RESUMEN:
1. No olvides que el realizar ejercicio físico regular
2. Establece una rutina para la defecación. Es primordial dedicar un tiempo diario a sentarse en el baño, aproximadamente a la misma hora, y a ser posible, después de desayunar. Elevar los pies una cuarta del suelo (altura equivalente a 2 libros gruesos) favorece la defecación.
3. Sigue una dieta rica en fibra y bebe mucha agua SIEMPRE.
4. Mantén una constancia en tus hábitos, cualquier cambio repentino afecta siempre a tu hábito intestinal.
5. Acude a la consulta de un Dietista-Nutricionista siempre que necesites ayuda para mejorar tu alimentación y asesorarte de manera profesional.
Pregunten, pregunten... a más de uno le ha cambiado la vida desde que añade salvado al yogur cada mañana, toma pan de centeno, o se dedica un tiempecito para no ser molestado... La vida se ve de otra manera cuando uno tira de la cisterna, ¿a qué sí?