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Jueves, 05 Marzo 2015 04:00

¿Es sostenible nuestra forma actual de comer? Parte I

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A pesar de las entronizadas dietas hiperproteicas que nos quieren vender como súmmum de la belleza y el éxito en la vida, nuestra sociedad -occidental- tiene una dieta sobradamente hiperproteica e hipergrasa, basada en tamaños de raciones desorbitados.
Parece que la tasa está dejando de crecer, (aun así, siguen siendo las más altas del planeta) y las clases medias de las economías emergentes como Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se están igualando al consumo, lo cual provocará un aumento global de la demanda cárnica en millones de toneladas, y por tanto, de la producción agroindustrial.

Entre muchas consecuencias negativas para el riñón y el hígado por la complejísima digestión que conllevan las proteínas (y más aún en cantidades XXL), genera además un problema ético importante. Si fuésemos conscientes de que el tamaño adecuado de un filete es la palma de una mano (sin dedos), y que el resto del plato ha de estar compuesto de vegetales (verduras, cereales, tubérculos y aceite de oliva virgen, claro), quizás disminuiríamos, en parte, el grave problema medioambiental, social y ético de la ganadería intensiva.

Y es que, para obtener un sólo kilo de carne de vacuno son necesarios ocho kilos de pienso, según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Es decir, millones de toneladas de soja que a su vez han de ser cultivadas deforestando extensiones de bosques impolutos (esencialmente estadounidenses, brasileños y argentinos, y de soja transgénica), haciendo uso intensivo de fertilizantes, pesticidas y un recurso natural esencial para la vida, el agua, que conlleva un desastre natural irreversible.
Por añadir datos, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estima que la producción mundial de soja 2014/2015 será de 312,81 millones de toneladas.

La emisión de gases de efecto invernadero es una realidad creciente, no sólo debido al metano que generan los rumiantes, sino también a la producción de forraje para alimentarlos. Alrededor de un tercio de la superficie agrícola global se usa para la producción de forraje.
Este alto costo de producción intensiva, hace que los precios de los alimentos y de la tierra tiendan a crecer, y con ello, se dificulte aún más el acceso a recursos básicos de muchos millones de personas en una parte del planeta.
¿Y qué pasa con los pequeños ganaderos y agricultores? ¿Y las poblaciones rurales? ¿Cómo competir frente a la gran agroindustria internacional?

Por no hablar del trato animal en la industria alimentaria. Ganaderías en zonas confinadas, sin espacio para moverse ni sentir el aire fresco, que además son caldo de cultivo de infecciones que han de ser tratadas con antibióticos, y que por cierto, están aumentando la resistencia de estos virus a los fármacos. Animales de producción nacidos para alimentarnos. ¿Viste alguna vez un documental de industria avícola? Para mí fue suficiente una vez.

¿Alguien se pregunta cómo hemos podido llegar hasta este punto?
No es mi intención hacer de este post un anuncio mesiánico y fatalista del fin del mundo, sino más bien contribuir a promover conciencia, porque está en nuestra mano cambiar el rumbo de las cosas. Los modelos actuales de producción y consumo de carne en occidente son insostenibles, y un mundo evolucionado, requiere ideas evolucionadas. La evolución no está en la tecnología, sino en la mente de quien la crea.

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